Al fin del mundo y más al sur

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Si habíamos llegado hasta aquí, debíamos navegar más al sur que el fin del mundo o, por lo menos, hacer el intento, ¿quién sabe cuándo regresaremos?


Sí, es cierto, estamos escribiendo sobre el último punto al que llegamos y aún no terminamos de subir posts sobre Bolivia, ni siquiera hemos nombrado a Chile, Argentina y Uruguay. (Aunque en las redes sociales estamos más actualizados). Muchas historias siguen escritas únicamente en mi libreta, sin embargo, las anotaciones de ciertos viajes quedarán sin ver la luz de la computadora.

Perdí la libreta pequeña que siempre cargo en el bolsillo del pantalón, la vi por última vez en la cafetería del Perito Moreno (al inicio de la caminata hacia el glaciar), para recibir cierto consuelo, era nueva y no habían muchas hojas con tinta, pero los nombres, cifras, pensamientos y sentimientos que se esfumaron, continúan provocando amarguras.

Diario de viaje.
Mi libreta de viaje con ilustración de Andrea. Si alguien la ve, por favor avisar!

Por otro lado y olvidándonos del pesar, queríamos contarles que llegamos hasta lo más sur del continente, cruzando el estrecho de Magallanes. Muchos toman esta ciudad como punto de partida hacia su largo viaje hasta Alaska, otros la conquistan como la meta cuando descienden desde el norte. Nosotros por ser de la mitad del mundo (Ecuador), no sabemos con exactitud en qué parte del viaje nos encontramos, si en el medio o en un pequeño tramo de miles de kilómetros.

Faro frente al Estrecho de Magallanes.
Frente al Estrecho de Magallanes.
Ushuaia, la cuidad que pensamos llegar “algún día”

Lo cierto es que veíamos muy lejano este lugar, conocemos varios amigos que aterrizaron en avión e hicieron lo que cualquier turista haría: navegar por el Canal del Beagle, ver lobos marinos, el faro, museos, etc., y se regresaron. Nosotros deseábamos hacerlo más lento, al no contar con un tiempo definido, anhelábamos sentir más la esencia, conocer lagunas, recorrer la ciudad y caminar con pingüinos.

Tanto encanto pedíamos que llegamos justo en días complicados. En la primera mañana que nos levantamos para conocer la ciudad, nos advirtieron de las manifestaciones, los paros, el acampe frente a la Casa de Gobierno. Presenciamos una marcha nocturna en la Av. San Martín y fuimos testigos del malestar que causa el cierre de carreteras (sobretodo una ruta nacional como la 3).

Algunos museos y el Centro de Información Turística también mantenían sus puertas bajo llave, un letrero de papel colocado en la entrada mostraba su postura: Los empleados de la Secretaría de Turismo acompañamos los Reclamos.

Luces en la ciudad.
Anochecer en Ushuaia.
Un día en Ushuaia.
Desde algún rincón de Ushuaia.
Paisaje de la Laguna Esmeralda.
Laguna Esmeralda.
Caminando con pingüinos.
Caminar con pingüinos en la Isla Martillo.

El puerto lo cerraron durante dos días (el sector privado obligó a que lo reabrieran). No entraremos en detalles sobre la política del país, pero destacamos la disposición con la que varias empresas turísticas continuaron laborando para que el turismo no decaiga en Tierra del Fuego.

En dos ocasiones tuvimos que hacer transbordo para llegar a los sitios que nos ofrecieron los tours, atravesando a pie el cierre de los manifestantes para subir en el vehículo que esperaba al otro lado de la carretera. Muchos ciudadanos nos pedían disculpas por la situación que atravesaba su ciudad, nosotros contestábamos que a pesar de los problemas, Ushuaia nos encantó.

Lo más al sur que se pueda

Habiendo llegado a la ciudad más austral del mundo, nos enteramos de la existencia de un pequeño pueblo chileno (posee cerca de 2.000 habitantes) que se ubica aún más al sur. Vimos su orilla desde el otro lado del canal. El punto de civilización más alejado, literalmente, en el fin del mundo. Las ansias por viajar un poco más lejos fueron aumentando, pero el costo por transportarnos hasta ese rincón no fue nada alentador (USD $120 por persona, sólo ida).

Viendo el mapa y hablando con la gente, descubrimos la posibilidad de llegar hasta el último pedazo del continente llamado Cabo de Hornos. A lo largo de la historia cientos de navegantes han recorrido sus orillas. A veces se puede descender, otras no, depende del clima. Los vientos extremos hacen que la experiencia sea más entretenida, dicen.

Sin conformarnos con los fallidos intentos de conseguir un pasaje económico a estos lugares recónditos (en las ofertas “last minute” lo más barato sobrepasaba los mil dólares por persona). Se nos llenó la cabeza con otra idea más atrevida: visitar el continente blanco. Si ya habíamos llegado hasta aquí, debíamos intentarlo.

El mapa del fin del mundo.
Planeando el viaje hacia el fin del mundo.

Sí es posible llegar mediante el canje (una pareja viajera lo consiguió), pero el nivel de complejidad es altísimo, mas no imposible. Sin embargo, no contábamos con muchas ofertas que pudiéramos mostrar y sean capaces de cubrir los seis mil dólares que vale cada pasaje. Las ganas era lo único que nos alentaba.

Inesperadamente, una persona nos escribió desde muy lejos, insistiéndonos a dialogar con las empresas turísticas y plantear un intercambio, de no ser posible, solicitar un permiso para trabajar a bordo o, con un poco de suerte, conseguir a un precio más barato los asientos no vendidos. El objetivo era partir rumbo a la Antártida.

Lo hicimos, tratamos y nos afirmaron que el último barco de la temporada había zarpado días atrás. Para no salir cabizbajos de la empresa, nos sugirieron hablar directamente con la oficina encargada de autorizar los viajes a la Antártida, quizás podían ayudarnos a embarcarnos en alguna expedición hasta Cabo de Hornos, pero las ilusiones se apagaron cuando nos enteramos que llevaban tiempo sin abrir sus puertas por el paro.

Una esperanza.
La verdad sea dicha.

Puede que ahora no sea el momento, quizás sea una excusa para volver. Estamos convencidos que en una próxima visita lo conseguiremos; si en épocas pasadas muchos exploradores de todo el mundo lograron conquistarla, ¿por qué nosotros no? Estamos a 1,000 km de distancia, no la vemos pero la sentimos cerca.

Shackleton.
Leer sobre Shackleton en la Galería Temática aumentó nuestras ganas de ir a la Antártida.
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3 Comments

  1. Yo llevo siempre un cuaderno de notas… En alguna ocasión ha cundido el pánico (Cris puede dar fe de ello) porque pensé que la había perdido, pero afortunadamente no fue así. Incluso, de vez en cuando, tengo pesadillas, porque ya acumulo como siete de estos cuadernos en la mochila ¿Y si perdiera la mochila? Y me voy a mirar a ver sis siguen en su lugar… En fin, que entiendo el pesar de que hayas perdido tu cuaderno… Supongo que pensamos que en ellos anotamos pistas para una próxima revelación, tal vez sea así, pero no lo creo… Y respecto Usuahia, ese era nuestro objetivo, nuestra meta… Y sigue siéndolo, pero no al mismo nivel que al iniciar el viaje. De norte a sur nos hemos encontrado con el camino y, cada día más, pensamos que ese es el premio… Eso sí, cuando lleguemos como ustedes al sur del sur va a ser un momento…

    • Perder la libreta de notas es una de las peores cosas que puede suceder en un viaje (creo que similar a la de perder las fotos), por suerte no habían muchas hojas escrita, por lo que era nueva. Ahora tengo otra, de color negra porque está de luto jaja. Yo por ahora tengo esta pequeña y una más grande que está por acabarse, al parecer tengo que tomarle foto a las páginas (como respaldo).

      Y sí, estando en el camino se va disfrutando más. Les advierto que cuando pisen Ushuaia, será inevitable frenar las ganas de viajar a Cabo de Hornos o la Antártida! Ya nos veremos chicos, saludos!

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