Beneficios y peligros de viajar a dedo

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A todos nos dijeron, al menos una vez cuando éramos chicos: “Nunca te subas al auto de un desconocido”. ¿Decidirías viajar a dedo? O ¿Harías caso a esta consigna?


Muchos creen que viajar a dedo tiene el único propósito de ahorrarse el pasaje de bus, para quienes viajamos constantemente sabemos que es más que eso, como tener un contacto más cercano con las personas, en su mayoría locales dispuestos a ayudarte (a parte de adelantarte varios kilómetros) con un amplio abanico para conocer más a fondo la realidad de su pueblo.

De pequeños muchos escuchamos aquella frase que se exponía como mandamiento: “Jamás subirás al auto de un extraño”. Desde los 12 años vengo quebrantando esa regla; cuando era niño me embarcaba en baldes de camionetas con amigos para movernos de nuestras casas a los parques más cercanos.

Primero fueron distancias cortas, y al crecer, los caminos también lo hicieron hasta convertirse en trayectos de una o más horas (a los 18 no existe otro deseo que llegar a la playa en vacaciones sin importar el modo). En esos tiempos lo hacía por mera aventura, de noche, bajo lluvia, sin ningún temor porque lo único que cargaba era una mochila con ropa de fin de semana y un Nokia 1100.

Hace un año volví a levantar el pulgar en carreteras, pero esta vez junto a Andrea –mi esposa– y con mochilas más grandes hacia rutas desconocidas, empezando en mi país –Ecuador–. Muchos dijeron que tengamos cuidado (cargábamos equipos más costosos que un simple celular con linterna).

Viajar a dedo.
Caminando hacia un mejor punto para hacer dedo.

Al encontrarnos en sitios pocos turísticos (donde los hoteles escaseaban), algunos de los que pasaban caminando junto a nosotros en la ruta nos aconsejaban tomar bus o taxi (a veces eran los mismos choferes) porque afirmaban que nadie pararía para llevarnos sin pagar nada.

Comprendemos que a muchos les resulte extraño ver gente que decida viajar a dedo. En una ocasión un señor de avanzada edad cruzó la calle para leer el cartel que mostrábamos a los vehículos, al notar el destino –Esmeraldas– dijo en tono enojado: “No muchacho, aquí nadie te va a llevar”. Minutos después paró una camioneta. Busqué al viejito con los ojos pero no lo hallé.

Si nos referimos a beneficios, podemos destacar que, aparte de ser toda una aventura (sea dentro de un vehículo cómodo con aire acondicionado, camión, expreso escolar o ambulancia), vas más tranquilo y con menos preocupaciones de asaltos que viajando en bus, incluso puedes llegar más rápido a tu destino, y si le caes bien al conductor, puede que desvíe su rumbo para llevarte a conocer puntos que de otra forma los hubieses pasado por alto.

Viajando en ambulancia.
Tranquilos, no pasó nada grave, los médicos fueron tan amables y decidieron levantarnos (Uruguay).
Paisaje del Salto del Laja.
Salto del Laja, increíble cascada que conocimos gracias a un señor que nos levantó en la ruta.

Cuando las personas te levantan en el camino, inicias una conversación que posiblemente termine en amistad, a muchos les fascina hablar de su país y te brindan consejos para movilizarte sin problema, te nombran sitios pocos visitados y te explican mejor la historia, geografía y rasgos típicos que caracterizan a su tierra.

Pero al hablar de peligros, estos no escasean, aunque si fuera fácil sería aburrido, ¿No? Los peligros son evidentes, al viajar a dedo no sabes en qué vehículo te treparás (puede ser de contrabando) y con quién compartirás las próximas horas, la conversación puede tornarse tan placentera que la persona sentada junto a ti, al final decida invitarte a almorzar con su familia.

Es muy posible que te pares justo en la vía por donde pasará una pareja que sólo tenía planeado viajar varios kilómetros más adelante, y gracias a ti, terminaron recorriendo la Carretera Austral hasta acercarse al fin del mundo.

Futaleufú.
Con Sergio y Chani, nuestros padres adoptivos con quienes viajamos hasta Punta Arenas.

Pero poniéndonos serios en el tema, muchos nos advirtieron de las intenciones que podrían tener las personas que nos recogerían en la ruta. Entendemos su preocupación, los noticieros y películas causan su efecto, pero uno también cuenta con algo llamado Sentido Común e Intuición.

Hemos rechazado autos que se detuvieron para llevarnos porque la persona no nos daba buena espina, y en una ocasión estuvimos a punto de bajarnos debido a la velocidad con la que conducía un chico, pero por surte recibió una llamada y tuvo que desviarse, dejándonos en un buen punto luego de pasar sólo cinco minutos juntos.

Existen casos de viajeros que esperaron 12 o 26 horas en medio de la nada hasta que se acercara un vehículo. No sé cómo lo hicieron. Nosotros con seis ya estábamos mal (física y emocionalmente), sin comida, poca agua y con un sol furioso sobre nuestras cabezas.

Buscábamos refugio bajo un árbol, y al escuchar el sonido de un motor, corríamos hacia la carretera (donde descansaban nuestras mochilas grandes), muchos nos veían sin detenerse hasta que antes del atardecer frenó un auto. Ahora salimos siempre con comida y vamos más preparados cuando nos dicen: “Por aquí pasan pocos autos”.

Viajando a dedo.
Desde el balde de una camioneta, excelente asiento para apreciar los paisajes.

Aunque al final, las mejores experiencias siempre se hallan cuando decidimos viajar a dedo, para nosotros es la mejor forma de llegar al próximo pueblo. La espera casi nunca desespera porque las personas que pasan con sus vehículos sin espacio o su destino se encuentra a pocas cuadras, nos hacen señas con el pulgar o nos regalan una sonrisa para alentarnos y continuar.

Muchas veces los conductores prefirieren adentrarse en las ciudades y dejarnos cerca (a veces hasta en la esquina) de las casas donde debíamos llegar o en un sitio central para buscar hostales, antes que parar a un costado de la carretera. Suele pasar, puede que te ocurra lo mismo o algo mejor. Intenta viajar a dedo al menos una vez, tendrás una vivencia diferente y una excusa para emprender un próximo paseo.

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