Los lados opuestos del Titicaca (parte I)

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El Titicaca es el lago navegable más alto del mundo, dos países comparten sus aguas. Ambos lados tienen sus características especiales que hicieron que nos llevemos una impresionante experiencia. En este post contaremos nuestro recorrido por el costado peruano.


Navegar por el Lago Titicaca genera una sensación similar a la de estar sobre las aguas del mar, tanto por su color como por su gran inmensidad. Si duermes arrullado por el sonido del motor durante el trayecto, y despiertas rápidamente por algún movimiento brusco del bote, pensarás que te encuentras en el océano si observas por la borda, pero las montañas lejanas y las islas, te regresan a la realidad.

Cuarenta minutos transcurrieron hasta que desembarcamos en una de las tantas islas flotantes que se encuentran en el lado peruano del lago, conocidas como Islas Uros. Al saludo que nos brindan los nativos debemos responder en su lengua materna: “Waliki”. Aunque hablan muy bien el español.

Niños, adultos, todos se alegran por nuestra llegada. Muestran sus alfombras y artesanías a la venta, las mujeres confeccionan los textiles y los hombres, aparte de dedicarse a la pesca, elaboran los trabajos con totora. Los más pequeños no tienen ni una gota de timidez y posan con una enorme sonrisa junto a los turistas a cambio de unas cuantas monedas –no hay tarifa fija– o caramelos.

Islas flotantes del Titicaca.
Las flotantes Islas Uros.
Alfombras a la venta en las Islas Uros.
Alfombras hechas a mano.
Niñas de las Islas Uros.
Viendo a los turistas.

Agarrados de las manos y saltando en círculo, hicieron jugar a la mayoría de los que estábamos allí, diciendo todos en una sola voz: “Arroz con leche, me quiero casar…”. En sus rostros se pintaba el mayor grado de felicidad, lo que hizo preguntarme si idearán otros tipos de juegos cuando no hay turistas y disponen de tiempo libre, porque como todo niño, durante el día asisten a la escuela.

Existen escuelas flotantes, sin embargo, cuando se trata de la secundaria, los adolescentes deben ir diariamente a la ciudad de Puno (de donde partimos en bote) tomando los taxis locales, en cuyos espacios sólo caben dos personas. Aunque también poseen pequeñas lanchas a motor, y otro bote denominado Mercedes Benz, más espacioso y con fines turísticos que les ayuda a sustentarse, pasear 15 minutos –aproximadamente– en él cuesta 10 soles.

Agarrados de las manos, todos como niños.
Jugando sobre una isla artificial.
Un bote sobre el lago Titicaca.
Navegando en pequeños botes.
Bote turístico del Titicaca.
El gran Mercedes Benz.

Muchos nos preguntamos una y otra vez cómo construyen estas islas flotantes; primero deben buscar la planta de totora (que la usan también como alimento, es su planta principal), luego el procedimiento consiste en tomar todas las raíces y arrojarlas al lago amarradas en bloques, hasta esperar que llueva y suba el nivel del agua, para que las cuerdas que sostienen estos bloques se desprendan, haciendo que empiece a flotar.

El tiempo que emplean para dicha construcción puede tomar cerca de un año, depende del número de familias que aporten con su ayuda. En la isla que arribamos habían 10 pequeñas chozas, el peso de éstas debe ser mínimo, entre cuatro personas es posible levantar una sin problema, por lo que no tienen necesidad de acumular cosas (como muchos de nosotros), aunque no carecen de gaseosas ni cervezas.

Las islas se encuentran ancladas (sino la corriente las llevaría hasta Bolivia), su duración ronda entre los 20 y 30 años, aunque cada dos meses deben colocar una nueva capa –suelo– de totora para mantenerla en buen estado. Los turistas les ayudan en su economía, pero mientras más pisadas hayan, el deterioro aumenta. Aunque dicho problema no les preocupa demasiado, si lo que más les traen es alegría.

Anclando las islas flotantes del Titicaca.
Islas ancladas.
Peinando a los turistas.
Transmitiendo sus costumbres.

Un brinco puede simular un temblor, sobretodo en los bordes de la isla. No hay calles que separen los hogares, ni árboles que los cubran del sol, pero ellos ya se acostumbraron a vivir aquí. Tienen mascotas (una niña cargaba un gato), pelotas de fútbol y escuchan reggaeton. Nos despedimos con abrazos y recuerdos, pensando en cómo sería pasar una noche en este flotante lugar.

Isla Taquile

“Ayinpunchai” es el saludo que debemos decir cuando nos reciben en la siguiente isla, esta es natural y su tamaño, al igual que su altura, es grande. Las casas y restaurantes se encuentran en la parte alta, subimos por unas escaleras de piedra y poco a poco los turistas van tomando asiento en donde caiga su cuerpo para tomar un respiro, la altura empieza a manifestarse sin piedad y hace efecto en nosotros.

Comemos para recuperar fuerzas, aún nos quedaba realizar el trayecto de bajada, aunque sería por otro camino. Una vez que terminamos, el guía nos cuenta que alrededor de 1930 estuvo preso en la isla –existía una prisión política en este sitio– Miguel Sánchez Cerro, quien produjo que los indígenas (que en esa época eran tratados como esclavos) se rebelaran.

Isla Taquile.
Desde lo alto de la isla Taquile.
Gran inmensidad del lago Titicaca.
El majestuoso Titicaca.

Ahora no hay cabida para tales problemas, no se visualiza ni un policía que haga cumplir la ley, no lo necesitan, aquí no se conserva el crimen. Tampoco existe el divorcio y esto se debe a que, antes de contraer matrimonio, la pareja debe convivir durante dos años, si la relación funciona se casan, si no, cada uno toma su camino.

En caso de que falle el amor habiendo hijos de por medio, el niño se marcha al cumplir cinco años con su papá (para aprender las facetas que un hombre debe hacer), y si es niña, permanece con su madre. Pero siempre recibiendo las visitas de ambos padres.

Sonrisas infantiles.
Los niños siempre felices.

Lamentablemente, como en algunos lugares del mundo, la sociedad conserva las ideologías del patriarcado, el hombre es quien toma las decisiones. Incluso si hay una pareja caminando, el hombre siempre se mantiene adelante de la mujer. Son pensamientos que llevan muy arraigados, difíciles de hacerles cambiar en tiempos modernos.

Nos comentan también que los cementerios se encuentran ausentes debido a que las personas prefieren enterrar a sus difuntos cerca de sus casas como medida de protección. Quizás se refieran a los desastres naturales, ya que el porcentaje de ladrones es cero.

El regreso a la ciudad fue tan largo que sólo quedaba descansar, despertando únicamente para sacar varias fotos desde la cubierta del bote, equilibrando los pies para no resbalar y con el viento congelando los dedos mientras contemplábamos la caída del sol.

contemplando la caída del sol desde el Titicaca.
Despidiendo al sol desde el Titicaca.

Para ver más fotos del lago Titicaca, haz clic aquí.

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