Parque Nacional de Santa Teresa

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Con una fortaleza abandonada –pero bien conservada– siglos atrás y un espacio enorme para acampar en medio de la naturaleza, se presenta el Parque Nacional de Santa Teresa para cautivar a los visitantes.


Fecha del viaje: enero 2016

Nos habían hablado de un lugar aislado de todo tipo de ruido y contaminación, lleno de árboles, animales, playas, una laguna y una antigua fortaleza. Pasar algunos días allí sonaba tentador. Sin embargo, no contábamos con que el feriado de año nuevo fuese la excusa perfecta para que otras personas pensaran igual que nosotros.

Playa en el Parque Nacional de Santa Teresa.
Playa Las Achiras.

Tomando en cuenta que en Uruguay era fácil pararse en una ruta para hacer dedo (sobre todo en la Costa), empezamos un nuevo año sobre el balde de una camioneta que nos adelantó hasta la entrada principal del Parque Nacional de Santa Teresa. Aunque el día se mostraba caluroso, nos encantó viajar en la parte trasera del vehículo, así admirábamos mejor el paisaje.

Incluso dentro del parque nos movilizamos de esta misma manera. Tras pagar el ingreso en las ventanillas de recepción, nos paramos bajo la sombra de un árbol en la garita, los militares que custodiaban la entrada aseguraron que pronto alguien nos levantaría.

Otro auto que se detuvo únicamente para decirnos que no nos podían llevar porque iban llenos –de lo contrario, lo hubiesen hecho encantados– también confirmaron que pronto estaríamos sentados en el vehículo de un buen samaritano.

Así sucedió a los pocos minutos, trepados nuevamente en el balde de una camioneta, recorrimos gran parte del parque. Parecía una ciudadela –urbanización– gigantesca con miles de árboles y áreas verdes, atravesado únicamente por una carretera.

Parque Nacional de Santa Teresa.
Descubriendo el parque, ¿ven aquella fortificación al fondo?

Mientras avanzábamos, veíamos muchas carpas reagrupadas, kombis y motorhomes estacionadas, ropa colgada sobre hilos amarrados en los troncos y parrillas listas para preparar un asado.

No sabíamos dónde acamparíamos. Estaba descartada la idea adentrarse en las profundidades del parque (como otras carpas que pasaban casi inadvertidas), hubiese sido relajante y perfecto para ponerle off a la vida cotidiana.

Acampando en el Parque Nacional de Santa Teresa.
Día de camping en el parque.

Pero en el interior de nuestras mochilas no había ni linternas, ni cocina portátil ni ningún implemento apto para sobrevivir más de dos días alejados de cualquier contacto humano.

Por tal motivo nos colocamos cerca del único supermercado instalado en el parque. Había que hacer fila para entrar y no estaba permitido –o mejor dicho, bien visto– demorarse mucho tiempo dentro.

Por coincidir con el feriado de año nuevo, había más gente que arbustos, sobre todo en el sector donde armamos la carpa, ya que teníamos postes de luz alrededor y los baños (con duchas sin puertas) se ubicaban a escasos metros.

Logramos dormir la primera noche a pesar de tener la carpa dañada. Cuando hicimos las compras y regresamos, nos encontramos con dicha sorpresa, la tienda estaba semicaída con dos varillas rotas (parecía una choza de los indios norteamericanos). Para darle más decoración al asunto, la caca de paloma se regaba por todo el techo, eso explica la razón de las sábanas que la gente colgaba sobre sus carpas.

A la mañana siguiente, sin importar las dos noches pagadas con anticipación, decidimos marcharnos del Parque Nacional de Santa Teresa, no podíamos dormir con la carpa encima de nosotros, las paredes chocaban con nuestras caras.

Aparte, la mayoría de las personas a nuestro alrededor se interesaban más por hacer ruidosas fiestas que disfrutar de la naturaleza (internándose en medio del bosque, no existían tales inconvenientes), gritaban para comunicarse de un extremo a otro y muchos vinieron con sus comodidades citadinas como televisores y parlantes.

Salimos caminando con la esperanza de que alguien nos llevara hasta la puerta, pero los autos pasaban llenos. Con las mochilas a nuestras espaldas, llegamos hasta la Fortaleza de Santa Teresa (el 1 de enero la habíamos encontrado cerrada), una antigua edificación construida en 1762 que estuvo en manos de España y Portugal hasta que, en 1828, Uruguay pasó a ser su único propietario.

Fortaleza en el Parque Nacional de Santa Teresa.
Fortaleza de Santa Teresa.
Torres de la fortaleza de Santa Teresa.
Rincones de la fortificación.
Ingreso a la fortificación.
Entrada a la Fortaleza.

Esta fortificación (en realidad cumplía el rol de un museo) era más grande de la que vimos en Colonia del Sacramento, contaba con cañones, estructuras y habitaciones con implementos de la época. Por $30 pesos (USD $1) valía la pena entrar para deslumbrarnos con tanta historia.

Iglesia en la Fortaleza de Santa Teresa.
Paisajes de la fortaleza.
Habitaciones de la fortaleza.
Desde el interior de una habitación.
Antiguo carro suizo en la fortaleza.
Antigüedades en la fortificación.
Sobre las paredes de la Fortaleza de Santa Teresa.
El respectivo descanso después de caminar tanto.
Fin a la Costa de Uruguay

Al abandonar el Parque Nacional de Santa Teresa, partimos rumbo a la ciudad fronteriza de Chuy. Dejábamos atrás las playas uruguayas para adentrarnos a una de las zonas más comerciales del país.

En la Avenida Brasil se encontraba el pulmón mercantil, las mayores tiendas y negocios llamaban la atención de todo transeúnte, los cuales no dejaban de circular con bolsas llenas de productos en cada mano. A un costado de la calle se ubicaba el free shop de Uruguay (mostrando el pasaporte se obtenían descuentos por extranjero).

Del lado de enfrente, los locales brasileños abrían sus puertas con precios (en su moneda local: reales) más bajos. En este sector, los letreros se escribían en portugués, y aunque las conversaciones también se concretaban en este idioma, todos entendían muy bien el español.

Dormimos y comimos del lado brasileño, dos días fueron suficiente para comprar lo necesario (aunque no conseguimos varillas nuevas para la carpa), descansar y planear el viaje hacia el interior de Uruguay; una aventura incierta nos esperaba.

TOMAR EN CUENTA:

Costo de ingreso al parque
Para entrar al Parque Nacional de Santa Teresa se debe cancelar $170 pesos (USD $5,66) por persona por día. El mínimo son tres noches, es decir, $510 pesos (USD $17). Si sólo deseas pasar un día, igual te cobran por tres noches.
Adicionalmente se paga otro valor de $15 pesos (USD $0,50), el cual cubre por los tres días. Al momento de salir del parque, te piden el ticket que te dieron al ingresar.

Alojamiento en el parque
Se puede acampar que casi cualquier parte del lugar, sin embargo, también existen hospedajes adentro. El único hostel que vimos costaba $400 pesos (USD $13,33) por persona. Las habitaciones se encontraban llenas de literas –como para 20 personas– y se dividían en caballeros y damas.

Alojamiento en Chuy
Del lado brasileño se encuentra el Hostel Poseidón, pagamos $900 (USD $30) por los dos en una habitación compartida.

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6 Comments

  1. Chicos! Nosotros fuimos al parque justo después del feriado de Semana Santa. ¡No había nadie! Ni oficiales cobrando la entrada. Nosotros fuimos a pasar el día caminando desde Punta del Diablo. Realmente es un lugar lleno de paz (cuando no hay nadie).

    • Qué increíble chicos! Y también qué suerte! El parque nos pareció impresionante, pero nos hubiese encantado más disfrutarlo sin tanta gente. Tenemos una excusa para volver 😃 Jaja. Abrazos chicos!

  2. Che, qué buen dato!
    Desconocía la existencia de esta fortaleza y el parque! Coincido que con gente este lugar debe ser un desperdicio, ojalá tenga mejor suerte cuando vaya, al menos ya sé en que fechas no!
    Abrazos y que sigan los buenos rumbos!!!

    • Así es Juan Manuel, de todas formas, si cuentas con todos los implementos para el camping (cocinita, linterna, etc.), puedes acampar en medio de árboles, con plena tranquilidad, sin gente alrededor. Muchas gracias! Igualmente para ti!

  3. Hola, pretendo llegar caminando desde las playas de punta del diablo por el día… les parece lógico? de la playa en santa tersa al fuerte hay mucha distancia? gracias!

    • Hola Lucia, nosotros salimos en auto (a dedo) desde Punta del Diablo hasta la garita del Parque Nacional de Santa Teresa, era cerca pero no tanto para ir a pie. Por el lado de la playa, la verdad no sé si sea más corto el camino. De la playa de Santa Teresa a la fortaleza sí se puede llegar a pie (quizás te tome algunos minutos), nosotros fuimos con mochilas y todo desde la zona de camping cerca del supermercado, no lo sentimos tan lejano. Espero haberte ayudado, el parque es muy bonito! Saludos.

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