¿Por qué volver a La Paz?

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La Paz es una ciudad que mantiene un movimiento constante en su atmósfera. La gente camina deprisa, el tráfico es agobiante y las bocinas de los colectivos no dejan de resonar. La mayor parte de las calles van en pendiente, y aún así, es imprescindible su visita.


Llegamos una tarde que se convertía en noche, sin mapa en las manos ni referencias de ningún tipo. Procedimos a hospedarnos en el primer hotel económico que encontramos (100 bolivianos, cerca de USD $14.5), no estaba mal pero su precio sobrevaloraba la habitación con baño compartido. Salimos a cenar y descubrimos a pocas cuadras un hostal pensado para mochileros mucho más barato. Sin duda alguna reservamos nuestra estadía para el día siguiente, sin intuir que la experiencia de compartir cuarto con 20 camas podría traer consecuencias desfavorables.

El Alto, La Paz, Bolivia.
El Alto. Llegando a La Paz.
Centro antiguo de La Paz.
Casco antiguo de la ciudad.

Por suerte, dos de las cuatro noches que dormimos allí, el dormitorio estuvo relativamente lleno. La mayoría de los huéspedes provenían de Israel (en casi todos los locales comerciales de La Paz existen letreros escritos en hebreo), hablaban en su propio dialecto entre ellos. Pocos respondían al saludo y otros sólo se conformaban con cruzarnos miradas.

Varios de ellos se quejaban con la ducha (no sabemos el motivo si siempre había agua caliente), con sus mochilas, la cama, incluso soltaban la puerta al ingresar, provocando un fuerte estampido al cerrarse. Si les formulábamos alguna pregunta, su respuesta no pasaba de dos palabras. No eran sociables con los demás.

Cuando conocimos a Luis, nuestro amigo venezolano, hablamos de diversos temas, y como buenos latinos, la conversación empezó a elevarse, nuestras voces iban aumentando el volumen y nos pidieron de favor que hagamos silencio. Era tarde y decidimos terminar de hablar, había que ser consciente. A la mañana siguiente, alrededor de las 11H00, mientras intercambiábamos palabras, uno de los chicos israelitas –al parecer con resaca– nos pidió que bajemos la voz, sugiriéndonos llevar la charla afuera, por el sufrimiento que expresaba su cara lo hicimos.

Bastó que el reloj marcara las 10 PM para que el mismo chico, quien antes pedía tranquilidad y silencio, se dedicara a entrar y salir de la habitación constantemente, dejando al azar la tarea de cerrar con prudencia la puerta. Cabe mencionar que este inconveniente no sólo nos sucedió a nosotros, hablando con dos amigos que conocimos allí, uno de Colombia (Carlos) y el otro de España, nos comentaron que también veían aislados a los israelitas del hostal.

Incluso el español (lamentablemente no recuerdo su nombre) nos contó que en Israel tuvo una mala experiencia en el aeropuerto, estuvo a punto de perder el vuelo debido a la intensa revisión que le hicieron a su maleta en una habitación aislada, por el simple hecho de tener el sello de otros países árabes en su pasaporte. Suele suceder, pero conociendo a otros israelitas te percatas que no todos se comportan de la misma manera. Los buenos abundan, pero en aquel dormitorio enorme en La Paz nos tropezamos con los equivocados.

Bus de La Paz.
Transporte público.
La Paz iluminada al anochecer.
De noche en La Paz.
Problemas con el dinero

Son escasos los negocios que aceptan tarjetas de crédito, la mayoría se maneja con pagos en efectivo. El problema de esto radica en que los cajeros automáticos (ATMs) no funcionan con eficacia. Probamos en todos los que se cruzaban frente a nosotros y sólo propinaban “error de lectura”.

El efectivo se agotaba poco a poco y no deseábamos cambiar los dólares que nos quedaban. Armamos un plan, dentro de un restaurante (el único económico que aceptaba pagos con tarjetas) le preguntamos a una pareja si podíamos cancelar su cuenta con la tarjeta de crédito a cambio de recibir sus billetes; funcionó. Ellos también tuvieron el mismo problema, por lo que nos recomendaron probar suerte con el cajero del banco Mercantil Santa Cruz; tuvimos éxito.

Debido a este inconveniente nos perdimos el tour a la Carretera de la Muerte, ya que las agencias con precios más asequibles sólo aceptaban dinero en efectivo. Quedó marcado en la lista de pendientes para una próxima visita. Podíamos haber intentado vender fotos o pins, pero sentíamos que no era el momento oportuno.

Lugares para conocer

En La Paz se habla mucho de la Carretera de la Muerte (la presentan como la atracción principal), todos los tours ofrecen relativamente lo mismo: bajar en bicicleta montañera, traje especial, comida, sesión de fotos y un CD con tus grabaciones de temerario más una camiseta. Muchos extranjeros terminan contentos con el paseo. Sin embargo, existen más lugares por conocer.

Caramelo hecho de Coca, La Paz.
Caramelo de Coca, obsequio del museo.

El Museo de la Coca, cuya historia narrada en forma cronológica (acompañada de imágenes y textos muy claros), muestra cómo una planta vigorosa y medicinal termina bajo el dominio de las grandes industrias, así como la posesión de otros “comerciantes” que se aprovechan de su apogeo y le agregan componentes químicos que perjudican la salud y la vuelven adictiva, pero sobretodo, exhiben cómo el pensamiento errado de unos cuántos intenta acabar con esta planta que representa el único modo de supervivencia para los mineros, que sin ésta les sería imposible aguantar tanto sacrificio.

El Valle de La Luna es otro punto que se puede ir por cuenta propia en bus. Durante el trayecto conocimos otras calles de la ciudad –hermosas– que no muestran las guías de viaje. Se encuentra relativamente cerca del centro, la entrada cuesta 15 bolivianos para extranjeros (USD $2,10), pretendimos pasar como locales pero fallamos en el intento. El lugar muestra unas formaciones rocosas que transportan al visitante a otro planeta. Se recomienda tomar el recorrido de una hora, así como aventurarse hacia las zonas delimitadas. Asecha el agotamiento y el agua es indispensable.

Valle de La Luna en La Paz, Bolivia.
Otro mundo en la tierra, se llama Valle de La Luna.
Bailando en el Valle de La Luna.
Danza de la luna.
Al borde del abismo en el Valle de La Luna.
Contemplando el abismo.

Sobrepasar La Paz en teleférico también es otra buena opción, existen varios circuitos (línea verde, amarilla, roja), al mismo tiempo es un medio de transporte usual de los bolivianos. Lastimosamente se percibe un gran contraste de clases, zonas con casas enormes y otras sólo decoradas con ladrillos.

Teleférico en La Paz.
Teleférico línea verde.
Seguridad

Caminar por el centro de la ciudad no representa ningún problema de seguridad, sin embargo se debe permanecer siempre atento y no descuidarse. Ya sea que vayas hacia la Plaza San Francisco o al mercado de Las Brujas (donde se encuentran especias, jabones, inciensos y cápsulas para aumentar el amor, dinero, etc. Lo más insólito son los diminutos cuerpos disecados de las llamas bebés).

¿Un consejo? Aparentar no ser turista, ya que mientras conversaba con dos amigos alemanes, se nos acercó un vagabundo a ofrecer droga “de la buena, bien fuerte”, así la describió aquel señor que poseía un gran corte en el cuello.

Mercado callejero en La Paz.
Mercado callejero.
Calles del centro de La Paz.
Centro de La Paz.

A pesar de todo dejamos La Paz con ganas de volver, e indiscutiblemente, con un enorme recuerdo, sin importar el cruce entre la marcha de mineros que deseaban valer sus derechos y detuvieron el tráfico, tanto que los conductores se bajaban a estirar las piernas y apagaban los motores mientras transcurrían los minutos.

Si un auto se lanzaba hacia la masa humana pretendiendo llegar a la siguiente esquina, lo abucheaban. Un minero al lado mío gritó: “Tírale dinamita”. Dudo que lo haya dicho en serio, aunque sí cargaban explosivos que prendían y estallaban en las calles. En más de una ocasión provocaron el sobresalto de los transeúntes distraídos.

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4 Comments

  1. Visité La Paz hace un par de meses junto a un amigo y tampoco pasamos tan bien; además del problema del dinero, tuvimos que enfrentarnos al problema de un taxista poco afable en plena lluvia torrencial. Por otro lado, aparte de acotar que no es correcto el uso de “israelita”, pues lo correcto es “israelí”, me gustaría mencionar que me parece extrañísimo lo que cuentas sobre los israelíes. En mi experiencia en tierras peruanas, yo diriía que son gente simpática, incluso había quienes intentaba hablar español.

    Suerte en su viaje y tengan cuidado con las agencias de viaje de Uyuni.

    • Hola Fer. El término “Israelita” también es aceptado (según lo leído en internet), pero de todas formas gracias por acotarlo. Y es cierto, no todos los israelíes tienen una mala conducta, por eso al final de aquel párrafo hago hincapié en eso. Ojo, no digo que la hayamos pasado tan mal en La Paz, a pesar de todo mantenemos buenos recuerdos y en algún momento pensamos volver.

      Sí, ya pronto subiremos la crónica de Uyuni, por suerte nos tocó una excelente =) Gracias! Saludos.

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