Recorriendo Popayán, la ciudad blanca

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Pensamos que en Popayán sólo nos sorprenderían las viviendas blancas del centro histórico, pero cuenta con más sitios imprescindibles. Este recorrido lo empezamos en Pasto.


Fecha del viaje: agosto 2017

Pasto

Hay ciudades donde uno llega y lo único que conoce es la habitación del hotel o el supermercado más cercano. Se las denomina ciudades de paso. Así nos sucedió en Pasto. Programamos nuestra estadía por dos noches en Cachirí House Hostal, una casa muy acogedora donde nos dieron información sobre los diferentes lugares que podíamos conocer en los alrededores, pero no contábamos con los días suficientes para hacerlo.

De habernos organizado con tiempo, hubiésemos tenido la oportunidad de ver la Laguna Cocha. Estábamos tan cerca que sólo teníamos que tomar un bus y llegar en media hora. Algunos viajeros nos dijeron que se puede navegar en lancha por sus aguas.

O la Laguna Verde, otra más que nos quedamos con ganas de conocer. Se encuentra a dos horas hacia el sur. De haberlo sabido antes, hacíamos una parada allí primero.

Nos hablaron también del Volcán Galeras, aunque para visitarlo se debe reservar la excursión con anticipación. Por lo que nos contaron y las fotos que nos mostraron, es un sitio al que sin duda debemos visitar en otro momento. Somos conscientes de que debimos extender los días, pero teníamos una fecha programada para llegar a otra ciudad.

TOMAR EN CUENTA:

 ¿Cómo ir?
Desde Ipiales viajamos en una mini van a Pasto con la compañía Transportes Sandoná, costó $9,000 COP (USD $3) cada uno y llegamos en dos horas. La ruta atravesaba varios precipicios pero nada que alterara el pánico.
Pasamos por varios controles militares, poseen una especie de trinchera con sacos junto a la carretera. Detuvieron el vehículo para echar un vistazo por dentro, dijeron “siga” y el chofer continuó sin problemas.

Popayán

Habíamos escuchado que a Popayán le decían la ciudad blanca, no sabíamos muy bien la razón, pero aquel nombre fue motivo suficiente para hacer un parada allí. Desde la terminal de buses tomamos un taxi junto con Catalina (prima de una amiga –Carolina Muñoz– que conocimos por Instagram), mientras nos adentrábamos al centro, atravesamos algunas calles que no se mostraban como lo habíamos imaginado. En un principio percibimos una ciudad caótica, poco segura y con tráfico vehicular.

Centro histórico de Popayán
Aunque ese concepto después cambió.

Pero al dejar las mochilas donde nuestro couch –Jonathan– y caminar hasta el centro histórico, nuestra perspectiva cambió. Ahora la ciudad se presentaba como las imágenes que habíamos visto por internet. A Popayán la llaman la Ciudad Blanca por las edificaciones antiguas que yacen en esta zona, todas conservan las mismas características: el color blanco como primordial, mantienen rejas antiguas y un farol al pie sobre la acera. Ahora con foco ahorrador blanco. Anteriormente era amarillo y le daba mejor iluminación, decía la gente.

Atardecer en Popayán.
Atardecer en el centro.
Por las calles de Popayán.
Calles del centro de Popayán

Cata, nuestra nueva amiga y guía personal, nos llevó a recorrer el centro histórico de la ciudad, pasamos frente al Palacio Nacional, el Puente del Humilladero, por donde –según nos contaron– sólo podía pasar la clase alta de aquella época, y por un puente más pequeño, cruzaban los indígenas que trabajaban en la ciudad.

Aunque al parecer la historia original era que, antes de la construcción del puente, los pobladores debían subir por una pendiente muy inclinada, a tal punto que llegaban a estar de rodillas. A raíz de eso surgió el nombre del Puente del Humilladero.

Puente del Humilladero en Popayán.
Puente del Humilladero.

Visitamos el Parque Caldas, un espacio recreativo bordeado por calles peatonales, es el sitio al que acuden la mayoría de personas que salen a caminar por el centro. Se sientan, compran algo en las carretas de comida y disfrutan. Enfrente se halla la Catedral. Nuestro recorrido continuó hasta al Panteón de los Próceres y la Iglesia Ermita.

Alrededores del Parque Caldas.
A un costado del Parque Caldas.
Gente de Popayán.
Siempre hay gente alrededor del parque.
Torre del reloj en Popayán.
Lo que se ve al fondo, del lado izquierdo, es la torre del reloj.
La Catedral de Popayán.
Catedral de Popayán.
Iglesia en el centro histórico de Popayán.
Iglesia Ermita. Hay muchas en Popayán.

Otro día caminamos hasta la Iglesia de Belén, esta vez solos. Fuimos por la carretera y luego descendimos por el camino correcto: una senda peatonal en zigzag rodeada de árboles y estatuas religiosas, más corto, pero no se recomienda pasar después de las 06:00 Pm, ya que se vuelve muy desolado.

Camino a la iglesia de Belén en Popayán.
Senda peatonal a la Iglesia de Belén.

También subimos al Cerro el Morro, una montaña artificial que fue una pirámide de tierra, los indígenas de la zona la usaban para sus adoraciones. Con el paso del tiempo la taparon y le colocaron cemento en la parte alta para construir un monumento al fundador de la ciudad: Sebastián de Benalcázar. Ahora es uno de los puntos más visitados de Popayán.

El ascenso es sencillo y toma pocos minutos. Subimos a la hora indicada para apreciar el atardecer desde la cima y esperar a que la ciudad se iluminara. Consideramos que vale la pena quedarse hasta que oscurezca. No conlleva ningún peligro porque varios policías permanecen hasta tarde.

Cima Cerro el Morro.
Monumento de Sebastián de Benalcázar.
Vista de Popayán desde el Cerro el Morro.
Atardecer desde lo alto del Cerro el Morro.
Popayán durante la noche.
Popayán Iluminada.

Una noche fuimos al Rincón Payanés, más conocido como el Pueblo Patojo, se trata de una réplica pequeña del centro histórico de Popayán. Como una ciudad en miniatura para niños y adultos.

Les decían patojo a los habitantes de la ciudad porque, siglos atrás, caminaban descalzos, razón por la cual había un bicho que se les metía por la planta del pie, provocándoles un fuerte dolor que no les permitía asentar correctamente el pie y terminaban cojeando.

Con nuestro couch y sus amigos fuimos a uno de los bares más tradicionales de la ciudad llamado el Sotareño. Tiene 53 años funcionando y por lo general acuden sólo los locales. Don Agustín, un viejito de baja estatura es quien lo administra. Siempre ha estado a cargo del establecimiento.

La música que se escucha proviene de discos de vinilo, dicen que Don Agustín tiene cualquier canción que alguien le pida (menos reggaetón, eso seguro). La busca en su estantería, encuentra el disco y la pone.

Él también es el que lleva las cervezas a la mesa (a pesar de tener ayudantes). No retira las botellas vacías hasta el final, así saca la cuenta; permanecen sobre la mesa mientras la gente conversa.

El baño de hombres es diferente a cualquier otro que haya visto antes. Dijeron que no podía irme del bar sin conocerlo por dentro, es un cuarto diminuto de 2×2, vacío, orinar allí es como orinar en la calle, sólo que aquí es más fácil que te salpique el orine.

Desde este lado sur de Colombia, notamos el gusto que tienen por el café y la cerveza. Con el primero vimos varias formas de prepararlo y tomarlo; con la segunda bebida, probamos dos de las más famosas del país: Poker y Club Colombia. Del mismo modo, Popayán nos sorprendió con su bebida típica aloja y el hervido (el cual consiste en una mezcla de frutos y aguardiente), así como las empanaditas de pipián.

Comida típica en Popayán.
Empanaditas de pipián y la aloja.

Un día antes de irnos nos llevaron a Silvia, un pueblito ubicado a hora y media de Popayán, sobre las montañas, en la cordillera central. Atravesamos muchas curvas pero llegamos sin mareos. A pesar del frío y la garúa, el lugar poseía mucho encanto.

Comimos trucha entera y tomamos jugo de lulo –naranjilla–. Fuimos al Lago Chimán, compramos fresas –frutillas– con crema en una casa grande cercana al lago, ellos mismos las cosechaban ahí. Finalizamos el viaje probando pan de bono, gelatina de pata –de cerdo– y queso con bocadillo (similar al membrillo. Se le dice quesadilla a esta combinación).

Letrero en el pueblo Silvia.
Plaza en Silvia.
Chiva colombiana.
Chiva original.
Lago Chimán en Silvia.
Lago Chimán.

TOMAR EN CUENTA:

 ¿Cómo ir?
Viajamos en bus hasta Popayán en la empresa Transipiales SA, costó $30,000 COP (USD $10) cada uno y demoramos 6 horas. Salimos temprano por la mañana. La carretera daba muchas vueltas por las montañas.

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