Santa Rosa de Copán; una odisea para llegar, un gran recuerdo al partir

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Santa Rosa de Copán se nos presentó como uno de los pueblos más tranquilos de Honduras, así lo comprobamos, anduvimos con absoluta calma durante nuestra estadía, tanto de día como en la noche.


Fecha del viaje: marzo 2018

Conservando todavía parte del miedo que nos generó el bombardeo de los medios sobre Honduras, enfocándose de forma directa en su capital, decidimos buscar un sitio tranquilo y turístico hasta calmar los nervios. Así nos alistamos a viajar hacia uno de los sitios más visitados del país: Copán Ruinas –donde se hallan las ruinas Mayas de Copán–

Escuchamos sobre una cooperativa que viajaba directo al pueblo (Hedman Alas), partía en la madrugada, su servicio lucía de primera al igual que sus elevados precios. No teníamos apuro en llegar. Vimos el mapa y decidimos visitar primero Santa Rosa de Copán, se encontraba más cerca y era un lugar recomendado.

Comienza la odisea

Del hostal de Tegucigalpa nos pidieron un taxi hasta la zona de Comayagüela, bajamos enfrente de la empresa Sultana. El taxi arrancó y entramos a las oficinas. Al preguntarle al ocupado encargado detrás de la ventanilla si nos podía vender dos boletos, respondió secamente que ya no habían hasta la noche. Los buses de las nueve y diez de la mañana partieron antes de tiempo.

“Ya los despaché” fue lo único que supo decir. Era el fin de semana antes de Semana Santa, y la gente local aprovechaba para viajar por Honduras, relajarse en destinos más tranquilos o visitar a sus familiares. Nosotros no podíamos movilizarnos, no podíamos salir de aquella oficina porque afuera nos esperaba el barrio catalogado como el más peligroso de Tegucigalpa.

Días antes quisimos reservar por internet los tickets, pero con esa compañía no era posible. Un muchacho, trabajador del lugar (quizás no directamente de la empresa) que estaba sentado y vio nuestra preocupación al no saber qué hacer, nos sugirió tomar un bus directo a San Pedro Sula; considerada como una de las ciudades más peligrosas del mundo.

Desde la terminal de San Pedro Sula podíamos tomar otro transporte que nos llevaría hasta el destino donde queríamos pasar la noche. No nos quedó de otra, él salió primero, como quien se lanza confiado a la selva porque reconoce cada guarida y a quienes habitan en ella. Seguimos tras sus espaldas.

En la cuadra que caminamos, varios vendedores se nos acercaron anunciando los diferentes destinos que ofrecían, incluso nos hablaron en inglés. El muchacho, sin dejar de caminar, alzaba los brazos para decir que ya íbamos con él.

Ingresamos a la Cooperativa Saenz, la sala de espera lucía limpia y el guardia armado nos transmitía seguridad. Pagamos $318 lempiras –USD $13,37– por los dos (al muchacho le pagaron su comisión sin cobrarnos ningún valor extra), el bus salía en una hora. Iba directo y revisaron a cada pasajero con su maleta de mano (similar a un aeropuerto, pasando un detector de metales por tu cuerpo) antes de subir.

A las 03:00 Pm llegamos a la terminal de San Pedro Sula. A pesar de su gran tamaño, se nos hizo fácil encontrar las cooperativas que completan la ruta hacia Ruinas de Copán y Santa Rosa de Copán; en el caso de la primera, los boletos estaban agotados hasta el día siguiente. La segunda –empresa Sultana– tenía espacio para las 04:45 Pm. Aunque en realidad el bus terminó saliendo pasada las 06:00 Pm y con el triple de capacidad permitida de pasajeros.

El hecho se dio porque otra unidad sufrió un accidente, por lo que sólo quedó una para completar los próximos dos destinos. Había gente que estaba esperando desde las 02:00 Pm. En caso de no embarcar, la cooperativa no nos devolvería el dinero. No quedó más opción que subirnos y aguantar más de cinco horas de pie.

El tiempo transcurría lento, las carreteras estaban congestionadas debido al accidente. Al estar encerrados y sin movernos, tuvimos la suerte de conocer a varias personas amables, nos brindaron rosquillas, se arrinconaron para que Andrea se sentara en una parte del asiento, nos recomendaron lugares y hasta nos invitaron a una cena familiar cuando descendimos del bus cerca de las 11:30 Pm. Una cena que al final se convirtió en una invitación a pasar la noche en su hogar.

Casas coloridas en Santa Rosa de Copán.
Este era el pueblo que nos daba la bienvenida al día siguiente.
Calles empedradas en Honduras.
Calles que se prestaban para ser caminadas con tranquilidad.

Junto a los familiares y amigos de José Antonio y Norma (dos de las personas que conocimos en el bus y quienes nos concedieron la invitación), comimos asado, probamos el madrazo, un trago típico hecho con maracuyá, miel, soda, hielo y un octavo de guaro –aguardiente–. También bebimos la cerveza nacional Salva Vida, y entre conversaciones y anécdotas, nos acostamos a las 03:00 Am. Andrea en una cama con Norma y yo en el mueble de la sala. La casa era pequeña, pero el corazón de quienes vivían bajo ese techo, era enorme.

Recorriendo Santa Rosa de Copán

Comenzamos el día desayunando ticuco a las 10:00 Am, un plato típico, el cual consistía en una masa de maíz, frijoles, chipilín –hierbita–, ejote –habichuela– y se la acompañaba con queso.

Se le llama también tamal de viaje porque antiguamente, cuando las personas viajaban a la capital o hacia San Pedro Sula, demoraban días en llegar, por lo que llevaban varios ticucos envueltos en hojas de tuza (elote, más conocido como maíz o choclo).

Ellos nos llevaron a recorrer la ciudad, caminamos por la calle principal Centenario, una gran parte permanecía empedrada. Llegamos hasta el Parque la Libertad en el Casco Histórico, enfrente se hallaba la Catedral, donde estuvo la Madre Teresa de Calcuta el 08 de julio de 1988. Su construcción fue finalizada alrededor de 1800, y desde 1862 conserva el mismo reloj.

Casas coloridas en Santa Rosa de Copán.
Viviendas coloridas para detenerse y sacar la cámara.
Catedral en Santa Rosa de Copán, Honduras.
Catedral de Santa Rosa de Copán.
Interior de la Catedral de Santa Rosa de Copán.
En su interior se constata la teoría de que su construcción se inicio en 1798.

En un pequeño bar dentro del parque, probamos la gaseosa Copán Dry en botella de vidrio, envasada de esta forma sólo en Santa Rosa de Copán. Emprendiendo nuevamente la marcha hasta una pintoresca casa del sector, compramos dulce de encocada. A pocas calles más arriba, probamos el pilón; helados artesanales servidos en vasos plásticos.

Gaseosa Copan Dry en botella de vidrio.
Cuando se recorre una nueva ciudad y el sol nos da la bienvenida.

Los sabores escogidos fueron Oreo y Mangada, este último es uno de los más populares, lo sirven con salsa inglesa, tajín, semilla de ayote en polvo –alguashte– y chile en polvo. Son adictivos, la gente suele comer 2 o 3 en un mismo día.

Luego subimos las casi 100 escaleras del Parque El Cerrito (construido en 1943), ubicado en la parte final de la Calle Real Centenario. Al final, en la parte alta, apreciamos un monumento que hacía referencia a la herencia cultural de los antepasados Mayas.

Recorriendo Honduras.
Bajando de la cima, aunque la subida no es nada complicada.
Monumento Maya en Santa Rosa de Copán.
Monumento en honor a los Mayas.

La gente local viene en familia a pasar la tarde aquí, en absoluta tranquilidad. Nosotros nos sentimos igual, incluso cuando caminamos tarde por la noche regresando a casa. En ese momento sentíamos la seguridad de permanecer recorriendo Honduras por más tiempo.

Así fue como a la mañana siguiente íbamos rumbo a uno de los sitios más ansiados desde que iniciamos este viaje; íbamos en busca de nuestras primeras Ruinas Mayas.

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