Ascenso al Cerro Puñay

In Artículos, Ecuador, Sierra
Scroll this

Aquí te contaremos nuestra experiencia subiendo al Cerro Puñay, estamos seguros de que nuestra guía te ayudará a planificar tu viaje hacia este impresionante –y sagrado– sitio en la Sierra ecuatoriana.


¿Qué saber antes de ir al Cerro Puñay?

Como cualquier viajero o viajera, entramos a internet (sobre todo a las redes sociales) para buscar más información acerca del destino soñado que estábamos a punto de visitar. Nos lo habían nombrado un sinnúmero de veces; que la caminata era fuerte, pero que valía la pena por la vista que se obtiene desde lo alto. 

Habíamos visto tantas fotos de los atardeceres en el Cerro Puñay, esa famosa sábana de nubes que se extiende a lo largo del panorama; esa imagen anhelábamos capturar con nuestra cámara.

Habíamos escuchado también que era importante estar preparados físicamente, y saber con exactitud lo que cada uno empacaría en su mochila, ya que el peso sobre nuestra espalda y hombros, lo sentiríamos con cada paso en medio de la cuesta. El cansancio y la altura no forman una buena combinación en la Sierra, sobre todo para quienes somos de la Costa.

Les adelantamos que el día de nuestro ascenso, nos acompañó la neblina durante todo el camino. Sin embargo, tuvimos una experiencia enriquecedora, sentimos una conexión especial con la montaña. Cada uno fue a su ritmo y llegó a la cima en el tiempo adecuado, respetando y escuchando lo que pedía su cuerpo.

Base del Cerro Puñay.
Base del Cerro Puñay.
En la cima de la montaña.
Despertando en la cima.

Vamos a contarles cómo fue nuestra experiencia ascendiendo al Cerro Puñay, y les daremos todas las recomendaciones necesarias para que ustedes también disfruten enormemente al visitar este alucinante lugar de nuestro querido Ecuador.

¿Dónde queda el Cerro Puñay y cómo llegar?

Se ubica en el cantón Chunchi –provincia de Chimborazo, en la Sierra ecuatoriana–, a casi 155 km de la ciudad de Riobamba, y a 190 km, aproximadamente, de Guayaquil. Pueden llegar en vehículo propio, o tomar un bus desde la terminal terrestre de la Perla del Pacífico con dirección a Riobamba y pedirle al conductor que los deje en Chunchi; desde aquí pueden tomar un taxi o camioneta para trasladarse hasta la entrada del sendero.

  • Este viaje lo hicimos gracias a una invitación del Ministerio de Turismo, por lo que fuimos en un bus particular.

Llegamos por la tarde de un día –entre semana– de mayo, ideal para disfrutar con mayor calma de la caminata y la acampada. Descendimos del bus en la zona del parqueadero y nuestros guías nos sugirieron subir sólo con lo necesario; este detalle también lo agradecería nuestra espalda.

Paisajes de la Sierra ecuatoriana.
Camino a la montaña.

¿Qué llevar al cerro?

Al Cerro Puñay recomendamos llevar lo esencial, aquello que realmente vayamos a utilizar para acampar y, por supuesto, zapatos de trekking y mucha agua. 

En cuestión de vestimenta, empacamos lo siguiente: doble par de medias largas (unas para dormir y otras para el descenso), abrigo resistente al viento y lluvia (será su mejor aliado al caer la noche), gorro, guantes, primera capa para dormir (tanto camiseta como pantalón), guantes, bandana y muda adicional de ropa interior.

  • Una linterna frontal, siempre viene excelente en todo tipo de aventura.
Ropa para montaña.
Ropa adecuada para la montaña.

Al inicio del sendero existe un hospedaje llamado Urku Puñay donde podrán ducharse –pagando un valor adicional– luego de descender al día siguiente. Lleven un pequeño shampoo y jabón. Sentirán que su alma toca el cielo bajo el agua caliente.

Con el tema de la comida, no tuvimos que preocuparnos porque, en la cima del Templo Andino, nos incluyeron la cena y desayuno. Aunque conociendo nuestro buen apetito, decidimos llevar algunos snacks, incluyendo nuestras galletas saludables, ideales para recargar energías luego de una exigente caminata. Y, por supuesto, no podía faltar nuestro termo de acero inoxidable para mantener el agua a buena temperatura.

Galletas saludables para un trekking.
Nuestras galletas saludables – Deli la Vida.

Sobre el equipo de camping, tuvimos la bendición de que nos incluían todo (carpa, aislante térmico y bolsa de dormir –si son friolentos, no está de más llevar una manta gruesa), y lo mejor, es que ya nos esperaba el campamento armado en la cima del cerro.

Antes de ascender al Cerro Puñay

Ahora sí, después de revisar lo que cada uno cargaría en su mochila, de dejar las cosas de más y los “por si acasos” en la maleta dentro del bus, pasamos a almorzar en el restaurante del hospedaje Urku Puñay. Debíamos contar con la energía suficiente para ascender a la montaña, así que nos sirvieron una sopa de pollo como entrada; y de segundo, un seco de pollo con arroz, aguacate y ensalada.

  • Un dato importante: el día del ascenso, nos sugirieron evitar los lácteos.

Una vez que todos nos paramos de las mesas, agarramos nuestras mochilas y nos alistamos para subir, no sin antes escuchar las indicaciones de nuestros guías. Nos reunimos frente a la Piedra del Permiso, nos juntamos, formamos un círculo y nos agarramos de los hombros para pedirle permiso a la montaña. 

Andrea incluso se acercó a la roca gigante, posó sus manos sobre ella, cerró los ojos y le agradeció por adelantado (ya intuía que viviríamos una experiencia memorable).

Con el estómago feliz y llenos de energía, empezamos a dar los primeros pasos para alcanzar la cima del cerro, que en realidad se trata de una pirámide escalonada, considerada como un Templo Ceremonial para las culturas antiguas –Cañaris– que habitaron el sector hace miles de años.

Caminar a tu ritmo

En nuestra opinión, consideramos que la dificultad de este sendero es media-alta, aunque en realidad no lo sentimos tan complicado (cabe mencionar que somos de Guayaquil). Si ustedes también son de la Costa, les aconsejamos permanecer, por lo menos, un día en la Sierra antes de emprender el ascenso, de esta manera se podrán aclimatar y la altura no será un inconveniente.

El sendero se halla marcado, con letreros que indican la dirección que se debe tomar, junto con la distancia (en metros) restante hasta la cima. En ciertos tramos han construido unas especies de escaleras –de tierra y madera– para facilitar el ascenso, y existen barandas a los costados para evitar caídas. Sentimos que es un sendero muy seguro.

Sendero del Cerro Puñay.
Escaleras.
Subiendo en fila india a la montaña.
Inicios del sendero.
Neblina en el ascenso a la montaña.
Neblina en el camino.

La subida la iniciamos en fila india. A los de la Costa nos mandaron al frente. Íbamos contentos y con varios abrigos puestos, pero a medida que avanzábamos, el calor se sentía con mayor fuerza, a tal punto que, poco a poco, nos quitamos las capas.

La neblina nos acompañaba, se iba pronunciando conforme subíamos, pero aún así, sacamos los celulares y cámaras porque estábamos maravillados con el paisaje montañoso que se nos presentaba ante nuestros ojos.

Cada tanto hacíamos paradas para descansar y tomar aire. Al principio íbamos todos juntos, pero luego cada quien optó por ir a su ritmo, y fue la decisión más acertada. Algunos nos adelantamos y continuamos a la cabeza. Otros se tomaron su tiempo y un descanso más prolongado. 

Cada uno admiraba la naturaleza a su manera, fijándose en los detalles más mínimos, como las formas de las plantas; es admirable notar cómo la vegetación va cambiando conforme llegamos a mayor altura.

Vegetación en el camino.
Vegetación en el camino.
Flores del camino.
Flores en el Cerro Puñay.

Los sonidos de las aves también forman parte del camino, así como los perros de la zona que los acompañarán hasta la cima (hay quienes dicen que juegan un rol de guía).

Durante el trayecto, las suelas de nuestros zapatos se toparon con partes secas y otras enlodadas; esto depende del estado del clima, por eso recomendamos ir con buen calzado (zapatos de trekking resistentes al agua).

Camino enlodado.
Lodo en el sendero.
Un respiro en lo alto de la montaña.
Respiro en la montaña.

Tiempo de subida

Alcanzar la cima puede tomar alrededor de dos horas yendo a un ritmo tranquilo, aunque previamente aparece una parada donde también se obtiene una gran vista. 

Se trata de La Piedra de los Sacrificios, la cual puede escalarse –con mucha precaución– para disfrutar del amplio panorama con los brazos extendidos y tomando un gran respiro. Eso sí, que no les tiemblen las piernas ante el precipicio.

Desde este punto, ya sólo faltaban escasos minutos para culminar el recorrido hasta la parte más alta del Cerro Puñay. Continuamos caminando y al poco rato alcanzamos los 3200 msnm. El campamento ya estaba armado, las carpas se encontraban instaladas, sólo fue cuestión de dejar las mochilas a un lado y celebrar este gran logro, sin importar que el paisaje se ocultase tras la neblina.

La sábana de nubes que tanto habíamos visto en redes sociales, no se presentaba ante nosotros; el cielo estaba tapado, pero aún así, teníamos el corazón rebosante de alegría por haber llegado hasta aquí en compañía de grandes personas y amigos. Fue una caminata donde cada quien disfrutó a su ritmo y conectó con la naturaleza a su manera.

Carpas en la cima de la montaña.
Campamento armado.
Perro guía en el Puñay.
El perro guía.
Caminantes en la montaña.
Disfrutando después de la subida.

Andrea llegó 20 minutos después de mí, y mientras la neblina rodeaba el panorama, los guías nos prepararon bebidas calientes para recuperar fuerzas. Empezaron a salir vasos de tecito caliente y café. Cada integrante del grupo comenzó a sacar sus snacks y  compartirlos entre todos. Nosotros habíamos llevado barras, frutas y, por supuesto, dos de nuestras galletas de proteína vegetal.

Una entera la comimos entre los dos, nos vino excelente para recargar energías luego de un desgaste físico como el ascenso al Cerro Puñay. Y la otra galleta la cortamos en pedacitos pequeños para que nuestros amigos la probaran. Ver sus rostros de satisfacción nos conmovió profundamente; les pareció exquisita y no dejaron ni rastro, desapareció en un instante.

Frutas, banana, en el trekking.
Galletas saludables en la montaña.
El snack ideal para recargar energías.
Compartiendo con amigos en el cerro.
Compartiendo con amigos en el cerro.

Mientras se acercaba la noche, algunos amigos sacaban sus trípodes y celulares para grabar contenido, otros seguían tomando bebidas calientes, algunos se sentaron a jugar cartas y nosotros aprovechamos para quitarnos los zapatos y conectar con la madre tierra; hacer grounding a tan elevada altura, revitaliza el alma, especialmente en un sitio sagrado, y en el cual aseguran que se trata de la pirámide escalonada más larga del planeta.

Grabando contenido en la cima del Cerro Puñay.
Grabando contenido en la cima del Cerro Puñay.
Grounding. Contacto a tierra.
Grounding.

Pasar la noche en el Cerro Puñay

Llegó la hora en que el sol se marchó, se asentó el frío y sacamos las linternas para ver nuestro plato de comida en la oscuridad. Los guías nos dieron una bandeja a cada uno que contenía cerdo, papa, haba y mote. Cada bocado fue un manjar para el paladar; como dicen: la comida en la montaña siempre sabe más rica. 

No hay acampada sin fogata, así que encendieron la leña sobre las piedras y nos sentamos alrededor a contar historias; como era de esperarse, casi todas fueron de terror, lo que provocó que nadie quisiera salir solo en la madrugada a orinar. Aunque lloviznó en la noche, el frío no fue problema para conciliar el sueño. Si son friolentos, les recomendamos llevar una frazada extra.

Amaneciendo en la cima del cerro

Nos levantamos a las 05H45 a.m., a oscuras, la luna nos dio el saludo de buenos días. Mientras asomaban los primeros destellos de luz, tuvimos una corta ventana de tiempo para apreciar el paisaje con la sábana de nubes; duró lo suficiente como para estar más que agradecidos con este viaje.

Amaneciendo en la cima del Cerro Puñay.
Amaneciendo en la cima.

Antes de desmontar el campamento, nos brindaron bebidas calientes y una bolsa con comida que incluía sándwich de jamón con queso y una funda de frutos secos. Antes de las 08H00 a.m. iniciamos el descenso. Esta vez debíamos ser más precavidos para evitar resbalar, ya que el suelo estaba enlodado.

La bajada la sentimos más fácil y rápida. Por lo que decidimos tomarnos un poco más de tiempo en la Piedra de los Sacrificios, así aprovechamos a treparla y contemplar el paisaje con menos neblina. Fuimos sin prisa y conversando, hasta que vimos las cabañas desde lo alto y ya sabíamos que nos faltaba poco para llegar; en ese instante, el hambre comenzaba a rugir con creciente fuerza.

Encima de la roca, Piedra de los Sacrificios.
En la Piedra de los Sacrificios.
Descendiendo con precaución de la montaña.
Descendiendo con precaución.
Bajando del Cerro Puñay.

Cuando llegamos a la base, a modo de recompensa, nos esperaba un abundante tigrillo acompañado con huevo frito y café en el restaurante Urko Puñay; nos recargamos de energía una vez más. Y el cuerpo se sintió renovado al 100 % cuando salimos de las duchas. Estábamos listos para nuestra siguiente aventura.

Mejor época para visitar el Cerro Puñay

Nosotros fuimos a mediados de mayo, aseguran que, de julio a noviembre, son los mejores meses para ascender al cerro. Recuerden que el clima puede ser impredecible, pero con una actitud positiva, el recorrido siempre será memorable, sin importar cómo esté el día.

Gracias por tu comentario, lo apreciamos mucho.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.