Cruzando a la Isla Santay

Scroll

A raíz de la construcción del puente que une la ciudad de Guayaquil con la Isla Santay, han habido miles de personas que se han propuesto caminar y conocer todos los lugares disponibles de este hermoso punto de tierra. No sé qué número de visitante me corresponda a mí o a Andrea, pero el primer visitante ilustre fue el libertador Simón Bolívar, quien hace 185 años pisó por primera vez este pulmón natural.

Santay se encuentra dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador desde hace un poco más de cuatro años. Se caracteriza por ser un humedal con grandes rasgos ecológicos y biológicos, esto se puede apreciar desde la entrada; un árbol enorme con grandes raíces que sobresalen del suelo nos recibe al ingresar a la isla.

El recorrido se lo realiza por un camino de madera, amplio e ideal para dividirlo entre peatones y ciclistas (cada uno tiene su lado señalizado), el paisaje que acompaña durante todo el trayecto, hasta llegar a la Ecoaldea, es verde, lleno de árboles, manglares, plantas y ciertos animales como la mariposa Morpho (conocida también como Hada del Bosque), que se manifiesta en vuelo mostrando sus grandes alas azules, jugando a ser guía del sendero. A pesar de que no es muy rápida, captarla con la cámara es una tarea compleja.

Cruzando el puente.
Cruzando el puente.
Raíces grandes que respiran.
Raíces grandes que respiran.
Camino de madera.
Camino de madera.
Un largo pero agradable camino.
Un largo pero agradable camino.
Pura naturaleza alrededor.
Pura naturaleza alrededor.

Durante el trayecto también puedes encontrarte con aves que se pasean por tu cabeza, tanto ecuatorianas como de otras partes del continente, estas últimas son conocidas como aves migratorias ya que cada año viajan miles de kilómetros desde un extremo al otro, debido a que ven a la isla como un refugio y un gran sitio para la reproducción, es por esto que en el 2003 la organización BirdLife International declaró a Santay como una de las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves en el Ecuador.

Luego de andar por varios minutos, apreciando la naturaleza, llegamos a un pequeño punto donde venden agua, jugos y dulces, decidimos darnos un descanso allí mientras tomamos jugo de coco y escuchamos a un señor mayor decir que antes de la construcción del puente, él venía los fines de semana en bote, junto a su esposa, a deleitarse con un Seco de Gallina riquísimo que preparaban los habitantes. Por esa época la gente que llegaba era escasa, ahora pueden venir cerca de 1,000 personas o más los fines de semana.

Continuamos marcando el paso por unos minutos más hasta que llegamos finalmente a la Ecoaldea. Son 56 casas de madera construidas ecológicamente hace aproximadamente 4 años para los habitantes de la isla, cada una tiene su número de villa y su panel solar para la energía del hogar. Indudablemente es una comuna envidiable cuya gente es muy amable y humilde, (el nombre de dicha comuna es San Jacinto de Santay).

De reojo.
De reojo.
Ecoaldea.
Ecoaldea.
Secador de ropa tradicional.
Secador de ropa tradicional.

Antes de dirigirnos a la cocodrilera, pasamos primero por un puesto (denominado Centro de Interpretación) donde nos enseñan varios aspectos de la fauna y flora de la isla, como las especies invasoras que amenazan la vegetación nativa, despojándola de espacio, luz y nutrientes, ese es el caso de las enormes palmeras que fueron colocadas siglos atrás en el Ecuador. O las tilapias, unos peces provenientes originalmente de África que acaban con el resto de peces nativos. La lista no termina ahí, nos hablan sobre el impacto que genera la planta flotante Jacinto en el agua, al igual que los destructores caracoles manzanas, considerados una plaga en Santay.

Palmeras amenazantes.
Palmeras amenazantes.
Naturaleza real.
Naturaleza real.

Una vez finalizada la breve charla (en este lugar también te muestran un video y puedes interactuar con una pantalla táctil, pero en nuestro caso no pudimos hacerlo debido a que ese día no había energía en las fotocélulas porque el cielo estaba nublado), nos alejamos del puesto para encaminarnos a los cocodrilos, unos carnívoros gigantes que, lamentablemente, hoy se encuentran en peligro de extinción precisamente por la cacería y la expansión urbana.

En Santay existen 11 cocodrilos hembras cuyas medidas oscilan entre 1,60 a 2 metros de largo, sin embargo pueden llegar a los 6 m. Tony “El Garañón” es el único macho y se encuentra apartado de las demás (debe adaptarse al nuevo entorno). Mide 3,10 metros aproximadamente y se alimenta únicamente de pollo desmenuzado, no se lo dan vivo porque el objetivo es que no se vuelva salvaje, a pesar de que su instinto natural lo convierte en un depredador nato: los cocodrilos devoran toda clase de mamíferos, incluyendo sus cuernos, cascos y plumas. Tony llegó hace 6 meses desde la provincia de Esmeraldas con uno de sus ojos lastimado, afirman los guarda parques.

Cocodrilo hembra.
Cocodrilo hembra.
Refrescándose.
Refrescándose.
Tony "El Garañón" abriendo la boca para regular su temperatura porque es un reptil de sangre fría.
Tony “El Garañón” abriendo la boca para regular su temperatura porque es un reptil de sangre fría.
Huevo de viento, no está fecundado.
Huevo de viento, no está fecundado.

Un dato curioso de esta zona es que hay un señor que, desde hace 10 años, se dedica a bajar al estanque de los cocodrilos (solo de las hembras) para alimentarlas con pescado, ellas ya están acostumbradas a su presencia, y hasta el día de hoy, no lo han mordido ni una sola vez.

Dentro de las 2,167 hectáreas que tiene la isla, se puede encontrar 10 o 12 especies de culebras, 128 aves, 25 mamíferos, entre otros. Uno de los encargados del lugar nos cuenta que los animales (tigrillos, boas) se alejan cuando escuchan el ruido de la gente, sin embargo, hay ocasiones que durante la noche se pasean por los alrededores de la Ecoaldea.

Garza nocturna: duerme en una pata, come de noche y se la conoce como "chuque".
Garza nocturna: duerme en una pata, come de noche y se la conoce como “chuque”.
Viendo a la cámara.
Viendo a la cámara.
Los insectos también se hacen presente.
Los insectos también se hacen presente.

En el pasado, los habitantes de Santay vivían en pequeñas casas de caña, no había un camino trazado de madera, para visitarlos, se debía llevar botas porque el suelo era tierra y lodo. Los hombres eran los únicos que trabajaban, su forma de sustentarse era dedicándose a la pesca, salían (como lo siguen haciendo hoy en día) de una madrugada a otra, incluso iban hasta la Isla Puna, al regresar se dirigían al Mercado Caraguay para vender todo el cardumen recolectado.

Las mujeres sólo eran amas de casa, pero desde la apertura del puente que conecta la isla con Guayaquil (actualmente hay otro que se une con Durán), ellas pudieron sacar sus comedores para trabajar al igual que sus esposo y llevar el pan a la mesa, así nos cuenta una señora que vende jugos de naranja y maduro con queso.

No hay duda que pasear por la Isla Santay es una aventura donde se puede apreciar la naturaleza y sus especies sin ningún peligro de por medio. Con sólo llegar dan ganas de quedarse un tiempo allí, lejos de todo caos, sin vehículos, sin ningún tipo de ruido; incluso pensamos que eso sería posible, pero las casas de hospedaje aún no están habilitadas.

Muelle, se puede tomar un bote hasta la ciudad.
Muelle, se puede tomar un bote hasta la ciudad.
Un pulmón de tierra llamado Isla Santay.
Un pulmón de tierra llamado Isla Santay.
SIGUE NUESTRO VIAJE DESDE LAS REDES SOCIALES:

            

Submit a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.