Filosofando a la media noche

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Cuando leía las aventuras de los viajeros que más admiraba, siempre destacaban las cosas buenas que les sucedían, y es verdad, a nosotros también nos han pasado un sin número de acontecimientos favorables. Hemos visto mucha generosidad, somos testigos de que aún existe la ayuda sin un interés de por medio. No hay duda que viajar es la mejor decisión que hemos tomado, sin embargo, es cierto que no todo se pinta color de rosas; y eso ya nos lo habían advertido.

Que no encuentres dónde dormir, que nadie te levante en la carretera, que el bus vaya volando o que el miedo se apodere de ti. Más que los temores que alguien pudiera sentir al enfrentarse a una situación nueva, existe el miedo a ¿qué ocurrirá luego? Sé que estamos viviendo la mejor etapa de nuestras vidas, mucha gente nos lo ha dicho, tratamos de enfocarnos únicamente en el día a día, vivir el presente, el hoy; pero la incertidumbre llega a visitarme en noches como estas, donde no consigo cerrar los ojos ni concentrarme en escribir una crónica (tengo algunas en cola).

La intuición siempre ayuda a tomar el mejor camino.
La intuición siempre ayuda a tomar el mejor camino.

Pienso en cómo será nuestro itinerario a la mañana siguiente, si hallaremos puestos de comida económicos y saludables, si estaremos seguros por las calles que transitemos o si encontremos a alguien que desee brindarnos una mano. No es recomendable tener este tipo de pensamientos, una vez escuché que, cuando una persona pasa mucho tiempo pensando en el cómo será, qué dirán, qué sucederá; envejece más rápido. Por mi parte trato de no hacerlo, pero a veces es complicado dejarlo pasar.

Sé que en algún momento nos podemos quedar sin dinero, nos podemos perder, podemos pasar un mal rato, ya que toda profesión tiene sus pro y contra; ¿qué habrán pensado los padres de Michael Schumacher cuando les dijo que su sueño era ser corredor de autos, o qué habrá dicho el esposo de aquella profesora que quiso dar clases en el ghetto. Los riesgos están en todas partes, y fuera aburrido si no existieran. Viajar –en estos pocos meses– me ha dado tantas enseñanzas que ahora no imagino mi vida regresando a un estilo sedentario. Debo confesar que en ocasiones estoy perdido en los días, pero nunca del rumbo.

Falta un montón de lugares por conocer.
Falta un montón de lugares por conocer.

Conocer el mundo fue lo que el destino me propuso, y me dio a una esposa maravillosa que comparte las mismas ideas descabelladas, como decidir dejarlo todo por viajar. ¿Qué sucederá dentro de un año? ¿Qué será de nosotros? Imposible saberlo si todavía desconozco hacia dónde iremos mañana. No me quejo, sé que con el tiempo nos acostumbraremos a vivir así, y cuando nos cansemos de hacerlo, simplemente cambiaremos la fórmula. Como nos dijo un viejo sabio y loco: “Cada diez años, deja todo y lárgate a vivir a otra ciudad, cambia todo lo que haces, y vas a ver cómo te rejuveneces”.

Este artículo surgió repentinamente un lunes a la media noche, sentado en la carpa, escuchando las olas reventar y viendo a Andrea dormir fresca con semejante calor en Mompiche. Son pensamientos que te hacen cuestionar si lo que estás haciendo en estos momentos está bien, y en mi caso, el resultado fue que encontraré la respuesta al viajar.

Dicen que viajar deja un gran aprendizaje.
Dicen que viajar deja un gran aprendizaje.
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