Cómo ir a Cabo de la Vela y Punta Gallinas por cuenta propia

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Visitar Cabo de la Vela y Punta Gallinas sin contratar un tour privado –y costoso– es posible. Nosotros lo hicimos sin complicaciones y ahora te daremos toda la información que necesitas para que tú también llegues por tu cuenta a la Alta Guajira.


Fecha del viaje: octubre 2017
Al final del post encontrarás una infografía que resume cómo llegar a la Alta Guajira, descárgala en tu celular para que no olvides ningún punto

Desde que entramos a Colombia por el sur, marcamos a La Guajira en el recorrido. Queríamos llegar al punto más norte del país, a la punta que más sobresalía en Sudamérica, de donde provienen los Wayuus, Wiwas, Koguis y Arhuacos, padres de una gran herencia indígena con mucha identidad cultural.

Averiguamos por distintas fuentes cuál era la forma más segura de llegar hasta Punta Gallinas, algunos nos hablaron de tomar un tour con todo incluido (los precios arrancaban desde $480,000 COP –USD $168– por persona), otros viajeros que conocimos en algunos hostales nos dieron tips sobre cómo ir por nuestra cuenta, tal como ellos lo habían hecho.

Mucho se ha hablado sobre La Guajira; la escasez, el clima extremo, la actitud y comportamiento de sus habitantes, los peligros, etc. No todo fue como lo escuchamos, la experiencia de cada uno siempre será distinta. Fuimos preparados, llevamos a cabo los consejos recibidos y disfrutamos mejor de lo esperado, aunque se trataba de una hazaña fuerte y un paseo que no destacaba por su comodidad.

Árbol bandera en Sudamérica.
Los vientos en la Alta Guajira son fuertes.

Esta fue nuestra experiencia y lo que hicimos para llegar, por nuestra propia cuenta, hasta Cabo de la Vela y Punta Gallinas.

Emprendimos la aventura desde Riohacha, una ciudad pequeña ubicada en el norte de la costa colombiana, a tres horas de Santa Marta. Allí nos alojamos en Hammocks Hostel, pagamos $25,000 COP –USD $8,75– cada uno por cama en habitación compartida con ventilador. Riohacha fue el lugar donde más calor sentimos en Colombia, sudábamos con tan siquiera pestañear.

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Las dueñas del hostel (Gigi y Paola) llamaron un taxi para que nos viniera a buscar a la mañana siguiente (dejamos nuestras mochilas grandes en un casillero con candado y fuimos sólo con lo necesario). Llegó cerca de las 07:00 Am, luego de conseguir dos pasajeros más, era un taxi compartido de esos que arrancan con cuatro personas. Nos llevó por $15,000 COP –USD $5,25– cada uno hasta el cruce en Uribia.

Después de una hora, nos bajamos en el punto acordado y enseguida conseguimos un Land Cruiser 4×4 (al parecer no es recomendable ir en auto propio, las condiciones del camino no son adecuadas) con rumbo a Cabo de la Vela por $20,000 COP –USD $7,00– cada uno. Los choferes encienden el motor cuando llenan 5 o 6 puestos.

Fuimos con frutas, snacks y bastante agua en las mochilas. Allá también vendían pero a un precio más elevado. La cerveza Polar (proveniente de Venezuela) era mucho más económica que la botella de agua ($1,500 COP –USD $0,53–).

Tranquila playa en Cabo de la Vela
Playa en Cabo de la Vela.

Junto a la carretera vimos los rieles de un tren que parecía infinito, los vagones cada vez se iban sumando desde lo lejos con grandes cantidades de carbón por dentro. Había uno de menor tamaño que llevaba gasolina –y también carbón–. Otro pequeño se encargaba de suministrar agua alrededor de la zona.

En ocasiones se cruzaban cabras por la carretera y el chofer debía pitar con insistencia para que se movieran a tiempo. Hacía mucho calor y el sol se disponía a sofocar lo que estuviera bajo sus rayos. Aún así, los militares que cubrían el 90 % de su cuerpo con un traje camuflado, mostraban una sonrisa al vernos pasar. Sólo una pequeñísima parte de la ruta se encontraba asfaltada, el resto eran kilómetros de tierra.

Al acercarnos a Cabo de la Vela, comenzamos a ver bastantes niños de la comunidad Wayuu junto a la vía pidiendo dinero (o algún paquete de galleta o cualquier tipo de comida, como lo comprobamos más adelante) con el brazo levantado a la mitad. Algunos cerraban el paso con una cuerda delgada que al final terminaban por soltar segundos antes de que el 4×4 pasara sin pisar los frenos.

Era una realidad chocante. Luego nos dirían en el hostal por qué no es bueno apoyar ese tipo de mendicidad. El chofer sólo les dio galletas a unos chicos que ataron una cuerda más gruesa entre dos troncos grandes, gracias al gesto, despejaron la vía.

También le dio dos paquetes a dos niñas que se le acercaron más adelante a la ventana, estaban al pie de la polvorienta carretera. Una apareció primero y la otra salió de algún rincón corriendo en diagonal para alcanzar al vehículo. Otros niños se asomaron más adelante con el brazo estirado, sin tener la misma suerte. Era una realidad fuerte.

En el Hostal Apalanchi (catalogado como el segundo mejor en Cabo de la Vela) nos dijeron que no es aconsejable darles cosas o comida porque se mal acostumbraban, aparte han ocurrido accidentes, ya que al bajar la marcha, muchos se acercan apresurados al carro, sin tomar en cuenta los riesgos de los otros vehículos que pasan a velocidad por la carretera. Pero el hecho de vivir aquí en tales condiciones, ya supera cualquier riesgo.

El costo por dormir en hamaca, bajo una choza frente a la tranquila playa (el mar parecía una piscina por la falta de olas. Podías adentrarte 100 metros sin que el agua pasara de tu pecho) fue de $20,000 COP –USD $7,00– por cada uno. Quizás uno de los principales motivos por los que escogimos el Apalanchi, fue porque tenían los casilleros dentro de sus instalaciones; durante la noche cerraban las puertas bajo llave.

Hamacas frente a la playa en Cabo de la Vela.
Aquí dormimos.

Nos habían advertido del peligro que existía en el pueblo, nos hablaron de ciertos robos ocurridos, como el de la cámara de una chica en un hostel sin casilleros, o el despojo de todas las pertenencias de un grupo de viajeros en un 4×4 pirata, pero nada de eso nos sucedió ni percibimos alguna señal de inseguridad.

Aunque durante la madrugada, antes que sonara mi alarma a las 4:30 Am (nos recogerían a las cinco para continuar hacia Punta Gallinas), me levanté por los ruidos que hicieron unas chicas españolas que dormían en la choza de al lado.

Al parecer una de ellas no hallaba su bolso con documentos y dinero, no supe con certeza lo que sucedió. Escuché que alguien lloraba y cuando me levanté, ya habían salido con linternas. Después no las volvimos a ver.

En una ocasión, mientras disfrutábamos en la playa de Cabo de la Vela, frente a nuestro hostal, se nos acercaron niños y ancianas Wayuu a ofrecer sus artesanías. Compramos pulseras por un dólar, pero luego insistían en que compremos más –a Andrea le estaban amarrando una en la muñeca sin preguntarle previamente– o que les demos alguna moneda.

La comida del restaurante del hostal era un poco costosa, por tal razón nos fuimos a almorzar a la casa de nuestro guía y chofer –perteneciente a la empresa Mochileros– llamado Wilson (uno de sus compañeros fue quien nos trajo de Uribia hasta acá, encomendándonos luego con él). Su madre nos preparó barracuda con arroz de coco, papas y patacones. Comimos sobre una mesa frente a la playa por $25,000 COP –USD $8,75– los dos platos.

Almuerzo típico en la costa colombiana.
Así nos trataban.

Después de la comida, cerca de las 3:00 Pm, iniciaba el tour que tenía como propósito llevarnos por las distintas atracciones de Cabo de la Vela, conocer al día siguiente Punta Gallinas y regresarnos hasta Uribia. Todo por $150,000 COP –USD $52,50– cada uno, sin incluir comida ni hospedaje.

Lugares para visitar en Cabo de la Vela

Playa Arcoíris fue el primer punto al que nos llevaron, a diferencia de la playa que descansaba tranquila frente a nuestro hostal, esta tenía olas que descargaban toda su furia contra las rocas. No estaba permitido bañarse.

Lo que volvía atractivo este lugar, era que todos los días del año había un arcoíris presente para los turistas. No fue muy fácil verlo, debíamos esperar a que la ola reventara y salpicara mucha agua para observar una parte de los colores.

Playas en la Alta Guajira de Colombia.
El arcoíris no apareció muy bien ante la cámara, así que les mostramos una perspectiva distinta de la playa.

El otro sitio era Pilón de Azúcar, una pequeña montaña en la que se llega a la cima caminando 15 minutos por un sendero de piedras. No requería de mucho esfuerzo. La mayoría de personas subían en sandalias. En la cima corría mucho viento, el espacio era reducido y descansaba la estatua de una virgen.

También era posible observar las figuras de piedra que la gente había creado del otro lado de la montaña, en dirección a la Playa Arcoíris, así como un panorama azul que apuntaba hacia el océano. La Playa Dorada descansaba a un costado del Pilón de Azúcar. Aquí también habían olas y los bañistas las disfrutaban. Nosotros decidimos verlas desde la orilla y caminar por el entorno.

En lo más alto del Pilón de Azúcar.
Sobre la cima del Pilón de Azúcar.
Paisaje de la Guajira. Colombia.
Nuestra vista desde la cima.
Pilón de Azúcar en Cabo de la Vela.
Playa Dorada con el Pilón de Azúcar de fondo.

Nos trepamos al 4×4 y, como si quisiera rebasar al tiempo, el chofer no soltó el acelerador hasta llegar a la parte baja de El Faro. El objetivo era alcanzar el atardecer (por tal motivo pasamos por alto el extinto manantial Ojo de Agua; el reloj no se ajustaba). Subimos en pocos minutos a la parte alta, junto al faro, y nos encontramos con grandes nubes que tapaban el sol. Sin embargo, el cielo se tiñó de un rosado brillante.

Bote cruzando en medio del atardecer en la Guajira.
Cielo coloridos al atardecer.
Faro de Cabo de la Vela.
Faro encendido.

Regresamos al hostal en la Land Cruiser junto con otras personas que habían sido olvidadas por su supuesto guía. Nos duchamos, cenamos atún con galletas acompañados de dos jugos que compramos en la tienda de al lado. Nos sentamos en una mesa improvisada y antes de las 8:00 Pm, los dueños nos echaron de buena manera porque era la hora de dormir.

El descanso llega temprano por estas tierras, durante el día el trabajo debe ser muy duro, y uno sólo regresa a casa con la intención de descansar, seguramente la alarma suena antes de que aparezca el sol, ya que, como leí en un cartel antes de abandonar la despensa: “La Guajira es tierra de sed ardiente, de besos extenuantes, de sol agobiador, la Guajira es ritmo y folclor, es pluriétnica y pluricultural. Es color Surrealista”.

Al timbrar las 8:15 Pm ya nos encontrábamos en las hamacas dispuestos a conciliar el sueño, al día siguiente Wilson nos recogería a las cinco de la mañana. No lo logré, era muy temprano y me mantuve despierto escribiendo estas líneas hasta cuando ya no quise ver más la hora.

Ni los mosquitos, ni el calor (el clima estaba fresco) ni el grupo de 30 personas que se divertían en su viaje de integración fueron una molestia. La hamaca fue la única responsable de incomodarme el sueño. Hasta que finalmente me levanté por las voces de preocupación de las chicas españolas.

Sacamos nuestras mochilas del casillero del hostal después de tocar seis veces la puerta con insistencia. Improvisamos un desayuno y nos montamos en el 4×4. A las 6:00 Am estábamos rumbo a Punta Gallinas acompañados de dos parejas más.

Luna al amanecer en la Guajira.
La luna seguía presenta al iniciar el día.

La carretera era de tierra, atravesamos algunas viviendas construidas en medio de la nada, aparecieron niños Wayuus con cuerdas que bloqueaban el paso. Wilson los pasaba por alto y sólo pagaba el peaje a los más grandes. Podía ser $2,000 COP –USD $0,70– o un paquete de galletas. También le dio dinero a un señor que cargaba un machete en su mano, tanto para cortar unos arbustos a su lado como para intimidar.

Cruzaron frente a nosotros dos Hummers militares y nos pararon. Bajamos las ventanas y nos saludaron alegremente. Dijeron que el ejército de Colombia estaba velando por nuestra seguridad. Le preguntaron a Wilson por los caminos más convenientes de la zona, ya que él y su grupo crearon rutas alternas para llegar hasta Punta Gallinas sin tener que atravesar las dunas que en ese instante se encontraban inundadas. El camino que nos tomó tres horas, antes lo hacían en hora y media.

Viviendas en la Alta Guajira.
Así se veían la mayor parte de las viviendas en la zona.

Wilson dijo también que la presencia militar se debía al alto contrabando que existe en la frontera. Al poco rato llegamos a Bahía Hondita, el 4×4 se estacionó y esperamos bajo un techo a que nos recogiera la lancha que nos cruzaría a la otra orilla, desembarcando finalmente en Punta Gallinas.

La navegación no superaba los cinco minutos, lo que realmente demoraba era el arribo de la lancha. Hablamos con personas que llevaban dos horas allí sentados. Nuestro grupo completó sólo 25 minutos de espera, en los cuales aprovechamos para caminar cerca del muelle.

Bahía Hondita en la Alta Guajira.
Este era el paisaje que vimos cerca del puerto en Bahía Hondita.

Una vez al otro lado, nos acomodamos en el hospedaje Alexandra, alquilamos una hamaca por $15,000 COP –USD $5– (el chinchorro –una especie de hamaca más grande– y las habitaciones eran más costosas), esta vez no había mar en frente, pero seguíamos al aire libre y bajo un techo.

Los encargados anotaron los nombres de quienes pediríamos almuerzo: un pescado fresco y de gran tamaño con arroz por $15,000 COP –USD $5–. Dos chicas que hablaban poco español, decían que les vendieron el tour con la comida incluida, los encargados aseguraban que no era así porque a ellos nadie les había dado el dinero (su chofer –que se volvió para Cabo– debía dárselo cuando hicimos el transbordo a la pequeña lancha).

Mientras discutían, uno de los cocineros dijo que hay agencias con las que siempre tienen esos problemas (si es así, ¿no deberían prevenir a los turistas?). Ellas no podrán reclamar porque al regreso, el vehículo las llevará directo a Uribia, desviarse hacia Cabo de la Vela sólo haría que perdieran más tiempo y dinero en transporte. Al final, Wilson se propuso a pagarles el almuerzo, él después haría el reclamo a la supuesta agencia de turismo.

Lugares para visitar en Punta Gallinas

Mientras preparaban la comida, los guías nos llevaron a recorrer los sitios alrededor en los 4×4 que tenían parqueados de este lado. Éramos dos grupos. Empezamos por El Faro, considerado el punto más norte de Sudamérica; para nosotros este sitio representaba una pequeña meta.

Faro de Punta Gallinas en la Alta Guajira.
Faro de Punta Gallinas.
En la punta de Sudamérica.
El punto más norte de Sudamérica.

Hace más de un año atrás habíamos llegado a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y por ende, el punto más sur de Sudamérica. Entonces, en este instante acabamos uniendo los dos puntos más extremos del continente sudamericano (sin contar la Isla Navarino y el PN Cabo de Hornos en Chile).

El 4×4 continuó hasta el mirador Casares, un paisaje donde se contemplaba a lo lejos grandes montículos de roca que emergían del agua, en medio de un territorio árido. Permanecimos 20 minutos allí hasta arrancar hacia las Dunas y Playa de Taroa.

Mirador Casares en Punta Gallinas.
Mirador Casares.

El viento no sentía piedad por nosotros, fue imposible sacar la cámara, corríamos el riesgo de que se metiera uno o varios granitos de arena. En la playa, el viento provocaba que la arena nos golpeara con fuerza en los tobillos, aunque la temperatura del agua estaba perfecta y las olas no representaban ningún problema.

Para bañarse en la playa, tuvimos que subir y luego descender de la duna, ella se imponía frente al mar y desde su cima, mostraba un extenso y alucinante paisaje.

Playa junto a una duna en la Alta Guajira.
Dunas y Playa de Taroa.

Los tres lugares que visitamos se encontraban cerca, poco más de una hora nos tomó realizar el recorrido. Para regresar al hospedaje, por una ruta que desconocía lo que era el asfalto, nos tomó otra hora que se hizo eterna para nuestros estómagos.

Desde el hostal estábamos a 25 minutos caminando de la Playa Punta Agujas, fuimos con la intención de bañarnos y ver el atardecer, pero llegamos 15 minutos tarde y Andrea recibió una picadura de un animalito acuático bautizado como arroz (aparentemente aparece al caer el sol).

Atardecer en la Alta Guajira.
Un nuevo atardecer caía.
Atardecer en Playa Punta Agujas.
Playa Punta Agujas.

Regresamos al Alexandra con las linternas del celular encendidas, era la única luz durante todo el camino y nos permitía ver hasta no más de escasos metros, pero dos personas pasaron en bicicleta sin ninguna luz que los guiara, tomaron otro camino hacia el costado sin dudar en lo que hacían; un excepcional sentido de la orientación.

Cenamos fideos por $12,000 COP –USD $4–, jugamos cartas con los demás chicos del tour, nos duchamos con agua ligeramente salada para quitarnos el agua salada que nos dejó el mar. Aunque corría viento, se nos hizo difícil dormir en las hamacas porque el cuerpo no encontraba la posición más cómoda.

Al día siguiente nos levantamos temprano, tuvimos un desayuno sencillo por $7,000 COP –USD $2,45– y a las 9:00 Am retornamos en la lancha. Habían turistas del otro lado esperando cruzar a la orilla que acabábamos de dejar atrás.

Punta Gallinas, Alta Guajira.
Dejábamos atrás el punto más norte y alejado de Sudamérica.

Wilson nos había dicho que le insistiéramos a los lancheros para que nos cruzaran a las 8:00 Am, él estaría esperándonos al otro lado con la Land Cruiser (su intención en un principio fue quedarse a dormir en Punta Gallinas, pero tuvo que regresar a una pareja hasta Cabo de la Vela).

Fuimos a la misma caseta con techo y sólo habían unos guías esperando a que llegara Wilson. Había un vehículo estacionado con apariencia de estar averiado. Apareció un 4×4 más pequeño, la cara del conductor no se nos hacía conocida, dijo que era el encargado de llevarnos hasta Uribia (unos amigos se tuvieron que ir hasta Cabo en otro carro porque dejaron sus mochilas allá; ese carro no tenía hora de llegada ni de salida).

Éramos ocho viajeros (más el chofer y un ayudante) y nos embarcaron a todos en el mismo transporte, el espacio era suficiente pero fueron más de tres horas incómodas. Los únicos dos asientos estaban colocados a los costados en posición rectangular, íbamos de lado con la espalda recostada hacia las pequeñas ventanas, viéndonos las caras. Mi cuello estaba adolorido por mantenerlo girado a 90 grados; necesitaba ver hacia el frente para no marearme.

Esta vez fuimos sin aire acondicionado y con mucha sed. Las tiendas por las que pasamos permanecían cerradas, una estaba abierta pero su mercadería acababa de ser despachada y seguía caliente. Encontramos un puesto pequeño antes de llegar Uribia, en el que, en hemos de un minuto, nos acabamos todas sus botellas de vidrio de Coca Cola. No por nada llaman a este lugar la tierra del sol.

Conseguimos enseguida un taxi compartido que nos llevara nuevamente hasta Riohacha, finalizando así nuestro paseo por la Alta Guajira sin haber gastado mucho dinero ni corrido algún tipo de peligro.

PD; si desean o si conocen de alguien que le interese ir en tour, nuestra gran amiga Buscando a Jacinta tiene información al respecto.

Infografía sobre cómo ir a la Alta Guajira.
Cómo ir a Cabo de la Vela y Punta Gallinas por tu cuenta

Si tienes alguna duda, o si quisieras agregar un dato adicional que se nos haya pasado por alto, puedes dejarlo en los comentarios.

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20 Comments

    • Qué genial chicos! Les irá increíble. Nos alegra saber que les fue de ayuda el post. Luego nos cuentan qué tal la pasaron. Un abrazo fuerte!

    • Hola Andrea, la verdad que no tengo el número de Wilson, lo conocimos en los 4×4 que nos llevaron a Cabo de la Vela, la compañía de ellos fue la mejor!

  1. Buen Blog, Viajare probablemente a Cabo en Enero, cuando dices que Wilson era de mochileros, debo preguntar por estas camionetas en Uribia, y luego ellas me referiran a otros conductores en cabo, para que me hagan el tour (el de $150K)

    Gracias.

    • Hola Diana, exactamente, el taxi que tomamos en Riohacha nos dejó antes de entrar a Uribia. Allí están los 4×4 estacionados. Debes preguntar por cualquiera que pertenezca a la empresa Mochileros (generalmente tienen un sticker grande con el nombre en el parabrisas). El precio del Tour lo pactamos una vez que llegamos a Cabo de la Vela (ellos te llevan hasta tu hotel).

      Te encantará visitar La Guajira. Luego nos cuentas qué tal te fue.

      Saludos.

    • Hola Laura, lamentablemente no tenemos el teléfono de Don Wilson, pero te recomendamos 100 % tomar el 4×4 que pertenece a la empresa en la que trabaja: Mochileros (por lo general tienen un sticker grande con ese nombre en el parabrisas). Nosotros lo tomamos justo antes de entrar a Uribia, allí están parqueados. Le debes decir al taxista (el que tomas en Riohacha) que te baje allí porque sino te llevarán con otros 4×4 que trabajan en conjunto.

  2. buenas noches chicos, el 21 del mes de enero emprenderé el viaje a cartagena de indias, donde estaría alli hasta el 25 (luego viajamos a San Andrés hasta el 29 maximo) y de ahi tenemos hasta el 01 Feb (incluído día entero) y la idea es hacer el trayecto hacia punta gallinas.
    estuve viendo que al dia de hoy un tour hacia la zona esta en 700 a 1 millon de COP, lo cual es una barbaridad, y por lo que entendi sobre el post es que viajando hasta uribia y alquilando una LandCruise y haciendo x su cuenta todo se abarata (como es de esperar)
    ahora bien, es muy complicado encontrar gente que este para hacer la travesía? y el hospedaje en chinchorros lo consiguieron en el sitio o lo hicieron previamente por algun sitio (x ej. Booking)?
    el viaje de 2 dias completos en el sitio es suficiente para recorrer el sitio?
    les agradeceria algo de informacion ! Saludos!

    • Hola Joel, nosotros empezamos el trayecto desde Riohacha, en Uribia se toma la LandCruiser, parten cuando completan los 5 o 6 asientos. Nos tocó esperar como media hora (lo más recomendable es salir desde Riohacha antes de las 7 Am). Todo lo reservamos allá directamente (si es feriado, puede que se llenen más rápido). En total fueron 2 noches y 3 días, agotadores pero valió mucho la pena. Es un lugar espectacular. No dejen de ir.

  3. Hola chicos una pregunta se ven muchos viajeros en moto por la zona. Es posible emprender el viaje desde Riohacha en moto o que recomendación tienen. Muchas gracias

    • Hola Miller, cuando estuvimos en Cabo de la Vela, vimos un grupo grande de motociclistas. Al día siguiente partimos hacia Punta Gallinas, pero no los vimos por allá (no sabemos si habrán ido luego). En todo caso, sólo vimos a ese grupo grande. En el camino no apareció ningún motociclista solitario. Quizás sea mejor ir en grupo. Saludos.

  4. el costo de los alimentos y agua me pueden dar un estimado gracias

    • Hola Yisela, en bebidas tipo cervezas (a veces resultaban más baratas que el agua, provenían de Venezuela) gastamos USD $1,09 por dos botellas. En desayunos preparados gastamos cerca de USD $4,35 por los dos. Y USD $12,80 por dos almuerzos. No es tan costoso, aunque sí vimos platos más elaborados por USD $10 cada uno.

  5. Hola, gracias por el post, queria preguntarles el tiempo de recorrido entre Cabo de la Vela y Bahia Hondita, puesto que si lo miro en google Maps dice que son 6 horas de recorrido y en tu relato dices que fueron 3 horas e igualmente que me confirmes el tiempo de Punta Gallinas a Uribia cuando los regresaron.

    Saludos

    • Hola Andrés, sí efectivamente desde Cabo de la Vela hasta Bahía Hondita son aproximadamente 3 horas en carro 4×4 (escuchamos de gente que hizo todo el trayecto en lancha por el mar, pero el viaje es más pesado). Lo que más demora es el pequeño cruce –de 5 minutos– en lancha entre Bahía Hondita y Punta Gallinas porque los lancheros demoran en arribar. Y de Punta Gallinas a Uribia son poco más de 3 horas, es un viaje no tan cómodo, pero la experiencia de conocer la Guajira, lo recompensa. Saludos.

  6. Hola gracias por tu experiencia… pweo dime en punta gallina me puedo hospedar … o en el faro

    • Hola Aracelly, sí, en Punta Gallinas nos hospedamos en el Hospedaje Alexandra. Ese es al que nosotros fuimos y el que nombramos en el artículo.

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