Summit One Vanderbilt, el mejor mirador de Nueva York

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Subir al mirador Summit debe ser uno de los planes imprescindibles a la hora de visitar Nueva York, ¿Quieren saber por qué?


Era nuestra segunda visita a Nueva York y teníamos claro que subiríamos a uno de sus miradores. El único que conocíamos era el Top of The Rock, al cual ascendimos una tarde de octubre de 2018. Esta vez, la decisión estaba entre The Edge y el Summit (One Vanderbilt). Ambos nuevos, el segundo era más reciente.

Optamos por este último y podemos asegurarles que fue la mejor decisión. Lo disfrutamos desde el instante en que subimos velozmente por su ascensor hasta el piso 91. Nuestros sentidos jugaron un rol importante durante toda la experiencia.

Pasamos dos horas y media allí arriba, sintiéndonos en las nubes mientras contemplábamos los rascacielos de Nueva York.

Vistas del Summit
Piso 91 en el Summit

Vamos a contarles todo desde el principio, comenzando por:

¿Dónde comprar las entradas para el Summit?

Los tickets los compramos con seis días de anticipación directamente en su página web. Escogimos el día viernes porque era el único disponible para las 09:00 Am (el horario más temprano), también porque ese día nos acompañaría un buen clima. 

Les recomendamos fijarse en el estado del tiempo para que, ni las nubes ni la lluvia, interfieran en su visita. Pueden revisarlo en la app del celular o en este sitio online.

¿Cuánto cuestan las entradas al mirador Summit?

El precio es de $39.00 por adulto –más impuestos–. Nosotros pagamos $59.00, sí, veinte dólares adicionales por incluir el ascenso dentro de un elevador construido de vidrio –el piso también era transparente–. Estuvimos suspendidos en el aire por unos minutos, más arriba del piso 93, ¿Que si valió la pena? Se los comentaremos más abajo en el artículo.

 En total pagamos $131.75 por los dos. Los precios pueden variar según el horario.

Contemplando el Chrysler
Ascenso final en el elevador

¿Dónde queda el Summit?

Se ubica en Manhattan, junto a la Grand Central Terminal, de hecho se ingresa desde adentro de la estación, sólo hay que seguir las señaléticas que dicen Observation Deck, o preguntar a algún guardia de seguridad.

Haciendo clic aquí podrán ver el edificio One Vanderbilt en Google Maps.

Fuera de la Grand Central Terminal

Recomendaciones Previas

Llegamos 20 minutos antes y esperamos a que abrieran las puertas. Nos pidieron certificado de vacunación, las entradas (mostramos ambas desde el celular), la cédula de identidad y, obviamente, usar mascarilla.

En los miradores hay espejos por todas partes, incluyendo el suelo y el techo, por lo que se recomienda vestir ropa adecuada y cómoda. 

Al momento de entrar, la revisión es similar a los controles de seguridad de los aeropuertos. Antes de subir por el ascensor, les brindan gafas y protectores para los zapatos –el suelo es de vidrio–, también les toman fotos del rostro; pensábamos que era otro filtro de seguridad, pero luego nos enteramos del motivo.

Espejos en el techo
Espejos en el piso
Reflejos por todas partes

Cómo fue la experiencia

La experiencia comienza desde que suben por el ascensor recubierto con espejos, las luces se prenden y apagan hasta que, en pocos segundos, llegan al piso 91, las puertas se abren y caminan por un pasillo cuya iluminación se torna roja, morada y finalmente pasa al color azul justo al momento en que se deslumbran con el primer observatorio. 

El miedo y el asombro los invadirán a la vez. Aquí les sugerimos colocarse las gafas, ya que el reflejo del sol es fuerte.

Ascensor principal
Edificios de Nueva York
Más vistas de Nueva York
Reflejos en el Summit

Asomarse a los cristales era alucinante. A pesar de que fuimos a primera hora, ya había gente arriba, de todas maneras buscamos un espacio vacío para tomar fotos y deleitarnos con las vistas hacia los edificios de Nueva York. Desde lo alto conseguimos admirar al Empire State, el Chrysler y los demás miradores (como The Edge), junto con la pista de patinaje del Bryant Park. A lo lejos también logramos observar el Central Park.

El día estaba totalmente despejado, quizás por eso se sentía un calor abrasador –aunque era 03 de diciembre–, como si la calefacción estuviera encendida al máximo, tuvimos que quitarnos las capas de abrigo y guardarlas en la mochila.

Empire State Building
El Chrysler con zoom
Pista de patinaje en Bryant Park
Central Park

En otra sala había una muestra artística en el piso, los guardias decían que no se la podía tocar. Y en la contigua se hallaban los globos grises que se elevaban hasta el techo debido al aire que salía del suelo de las esquinas. Fue una de las habitaciones donde más nos entretuvimos. Mientras nos divertíamos con las bolas, repentinamente explotó una y las personas se asustaron, incluso gritaron, el estadillo sacó a todos de su trance.

Obra de arte en el suelo
Globos grises en el techo
Más reflejos
En las esquinas es donde mejor se puede jugar

Gracias a la cantidad de espejos, podíamos jugar con las perspectivas a la hora de sacar la cámara. Por lo general, cuando nos colocábamos en algún rincón para tomarnos una foto, las personas sí respetaban nuestro tiempo y esperaban a que terminemos. 

Jugando con las perspectivas
El Chrysler y el Empire State en una sola foto
Rincones fotográfico
Segundo observatorio, piso 92

Continuamos caminando y nos colocamos en una fila con el objetivo de, una vez llegado nuestro turno, pararnos en un pequeño rincón donde el piso, la parte superior y las paredes eran de cristal. Daba la sensación de flotar en el aire –junto con un poco de vértigo–. Debíamos tomar las fotos de manera rápida, ya que únicamente disponíamos de cinco minutos para estar allí.

En ese punto también nos hicieron mirar hacia unas cámaras que se ubicaban en el techo; a la salida, podíamos imprimirlas y comprarlas.

¿Recuerdan que al inicio –antes de subir– les tomaban fotos del rostro? Era para que, al llegar a una sala con una pantalla gigante que proyectaba un cúmulo de nubes, aparezcan sus caras dentro, como si formaran parte de la masa blanca. Sólo había que colocar el código QR –que viene en el brazalete de la entrada– en una máquina. Eso no lo sabíamos, por lo tanto no lo hicimos.

Suspendidos en el aire
Con vértigo en el Summit
Pantalla de nubes

Luego ascendimos por dos pisos más, hallando en el último un bar junto con una terraza (también había baños, y sí, con grandes vistas a la ciudad). Al salir a la terraza nos colocamos nuevamente los abrigos, el viento golpeaba con mayor fuerza y volvíamos a sentir frío.

Para quienes compran la entrada estándar, este es el último observatorio. Aquí termina el recorrido, en una tienda de souvenirs y descendiendo hasta la parte baja del edificio; una vez que avanzan, no se puede volver a las salas anteriores.

Terraza del Summit
Vistas distintas de Nueva York

En nuestro caso habíamos comprado la entrada con el ascenso en el elevador (lo que representaba un adicional de $20.00), por lo tanto, debíamos hacer una fila para disfrutar de esta última atracción. 

Comúnmente, para subir a este ascensor de vidrio, aparte de mostrar el ticket (desde el celular), se debe realizar una fila virtual; para acceder a ella, necesitan escanear un código QR que se halla en un letrero ubicado junto a las escaleras eléctricas del piso anterior.

Dicen que a veces la espera sobrepasa la media hora, en nuestro caso fue rápido porque no había mucha gente; tampoco habíamos completado el registro para sacar un turno en la fila virtual. El guardia vio nuestro ticket y nos dejó pasar –quizás tuvimos suerte–.

¿Vale la pena pagar $20.00 más por el ascenso?

Fueron pocos minutos que permanecimos dentro. Un minuto subiendo de manera lenta, un minuto suspendidos en el aire y otro minuto descendiendo. Gozamos de una vista más alta, en un rincón con pocas personas –cuatro en total–. Podemos decir que nos fascinó debido al excelente clima que nos tocó, pero ¿es un imprescindible al momento de visitar el Summit? No precisamente.

Ascenso en el elevador
Nueva York desde más arriba
De las mejores vistas de Nueva York

Se puede vivir una experiencia impresionante en el mirador sin necesidad de ascender en el elevador. Puedes utilizar esos $20.00 para una comida, comprarte un libro o pagar la entrada a un museo.

Salimos del Summit One Vanderbilt a las 11:30 Am, estuvimos más de dos horas adentro. Fue de los mejores planes que hicimos en Nueva York. Así que, si tienen que escoger entre uno de sus miradores, sin duda les recomendamos este.

Y si quieren saber cómo es el mirador Top of the Rock, ya mostraremos las fotos y escribiremos una guía al respecto.

Esperamos que esta guía les ayude a planear su visita al mirador. Si tienen alguna duda, pueden escribirla en los comentarios.

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