San Cristóbal, de las mejores islas para conocer en Galápagos

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Pensar que en San Cristóbal hay pocas cosas por hacer, es un error. Descubre la experiencia que puedes vivir en la isla con esta guía.


Fecha del viaje: abril 2017
 Mira el video al final del post

A más de 900 km del continente se halla un archipiélago de origen volcánico con alrededor de 14 islas principales, de las cuales cuatro son habitadas, y de aquellas, sólo esta nos faltaba visitar.

Poco sabíamos acerca de los sitios que podíamos conocer –sobre todo por nuestra cuenta–, estábamos al tanto de los tours imperdibles, como el que escogimos –tour 360–, catalogado como uno de los mejores.

Lobos marinos en la playa.
Los lobos marinos están en todas las playas de San Cristóbal.

Nos aconsejaron no tomar en ese instante el de Isla Española debido a que era la época en que migran los albatros –aves marinas– y también porque las lanchas de tour no tienen permitido desembarcar en una de las mejores playas del mundo que posee esta isla –Bahía Gardner–, según nos comentaron.

Llegamos un domingo, más tarde de lo esperado debido a un retraso de la aerolínea, sin imaginar que San Cristóbal tendría varios sitios por mostrarnos. Un cielo gris nos recibió, faltaba poco para que se ocultara el sol, no alcanzaba el tiempo para visitar algún lugar en especial. Nos encaminamos a explorar la parte urbana de la isla hasta que la lluvia nos hizo regresar al hostal.

Al día siguiente sucedió lo mismo, llovía y cada tanto se asomaba el sol, aún así decidimos salir. Tuvimos suerte de que la lluvia sólo nos acompañó durante los dos primeros días de nuestra estadía, los demás –siete en total– estuvieron exageradamente soleados, por lo que pudimos conocer la mayoría de los atractivos que posee San Cristóbal.

Varios de ellos nos gustaron tanto, que los visitamos en más de una ocasión. El propósito de este post es contarles sobre nuestra experiencia en la isla y mencionarles los lugares que posee, para que, durante su visita a Galápagos, no dejen de lado a San Cristóbal por creer que no hay mucho por conocer aquí. Comencemos:

Cerro Tijeretas

Sólo hace falta dar algunos pasos, o tomar un taxi si se cuenta con poco tiempo, para llegar hasta aquí. Nosotros fuimos en dos ocasiones, durante la primera estuvimos protegidos del sol gracias a las nubes grises, aunque cada tanto se movían y dejaban caer los fuertes rayos sobre nuestras cabezas (importante cargar gorra).

El recorrido por el sendero se inicia cuando se atraviesa el Centro de Interpretación (espacio para conocer la historia de la formación volcánica de las islas), desde allí nos encaminamos hacia la parte alta del cerro.

Pasamos por tres miradores, siendo el último la entrada a la senda que lleva hasta la solitaria Playa Baquerizo. Esta vez la dejamos pendiente, cargábamos poca comida y el camino tomaba cerca de 40 minutos –sólo ida–.

Cerro Tijeretas.
Desde el mirador más alto. Cerro Tijeretas.

La vista en los tres era espectacular, no fue complicado –estaba señalizado– ni cansado llegar hasta la parte más alta, sólo hay que caminar más de lo habitual y subir algunas escaleras; pero el panorama arriba lo recompensa todo.

Luego descendimos hasta Las Tijeretas (conocida también como Bahía Darwin, es una pequeña entrada de mar) para hacer snorkel. Estábamos listos para lanzarnos, cuando poco a poco, comenzaron a caer gotas, el mar empezó a agitarse, había gente dentro, nadando y disfrutando con los lobos marinos, mientras que nosotros optamos por no meternos –esta vez–.

Las Tijeretas
Cerrando el paso en Las Tijeretas.

En la segunda ocasión sí nos sumergimos, aunque el agua se encontraba ligeramente turbia. La marea nuevamente estaba movida y preferimos salir en menos de una hora. Vimos personas nadando como si estuvieran dentro de una piscina (entre ellos, tres niños junto con su guía).

Las pocas gotas no tardaron en convertirse en una fuerte avalancha de agua. Había gente angustiada buscando la salida, buscaban también refugiarse bajo los árboles, pero era imposible no mojarse. A pesar de ser muy visibles los letreros con flechas, nadie sabía qué camino tomar. Teníamos el mismo pensamiento de abandonar el lugar, no sin antes pasar por la Playa Punta Carola, y al verla tan vacía de gente, decidimos quedarnos.

Protegiéndonos bajo unos árboles, teníamos la esperanza de que la lluvia parara, y así ocurrió al cabo de pocos minutos, aunque el sol volvía a ocultarse detrás de las nubes grises. Llovía, salía el sol; llovía, salía el sol, y así continuó durante el transcurso de la tarde, sin impedir que caminemos sobre las rocas para llegar hasta el antiguo Faro –esta área lleva el nombre de Punta Carola–.

Playa Punta Carola.
Otra perspectiva de la playa.
El antiguo faro de Punta Carola.
El Faro.

Asimismo hicimos snorkel y estuvimos entre lobos y tortugas marinas. En dos oportunidades más volvimos a este playa para disfrutar de un atardecer increíble y nadar tranquilamente en sus aguas (aunque se debe tener cuidado, la marea puede agitarse repentinamente, como ocurrió la última vez).

Atardecer en Punta Carola.
Atardecer en la playa.

Playa Mann

En la misma ruta hacia el Cerro Tijeretas, se encuentra Playa Mann, es la más cercana al centro de San Cristóbal. Se puede llegar caminando. Es pequeña y siempre está llena de gente, incluso venden comida a la entrada (maduro con queso, sandía, choclo con queso, etc.).

Si es para pasar el rato, está bien (sólo nos sentamos sobre la arena para leer o darnos un pequeño descanso), pero si la intención es disfrutar de la playa, recomendamos caminar directamente hasta la Playa Punta Carola (está relativamente cerca).

Playa Mann, San Cristóbal.
Playa Mann.

La Lobería

Otra playa cercana al centro de San Cristóbal, aunque para visitarla es preferible ir en taxi –USD $3–, ya que el camino transita por una carretera donde los árboles –junto a la ruta– son escasos. Sin sombra, es fácil que el sol consuma a cualquiera.

En la playa tampoco había sombra, por lo que la mayor parte del tiempo la pasamos dentro del mar haciendo snorkel. El agua estaba tan transparente que vimos varias tortugas, peces de colores y una mantarraya. Los lobos se paseaban a nuestro alrededor. No habían olas, podíamos nadar tranquilamente mientras llegaba la tarde.

Playa La Lobería, San Cristóbal.
La Lobería.
Tortugas marinas.
Encuentro sorpresivo.
Mantarraya.
Con miedo a pisar la arena.

Cerca de la playa hay un sendero agreste, marcado por pequeños palos pintados de blanco, que va hasta el Acantilado. Caminar por allí tiene su grado de dificultad. Llegamos hasta cierta parte porque el letrero decía bien claro: preferible avanzar con guía.

No quisimos arriesgarnos. Un señor sí se aventuró hasta la parte alta, regresó una hora después que nosotros y nos enseñó fotos del sitio. Alucinante. Vio pelícanos de patas azules anidando, el clima cambiaba cada tanto y en una parte resbaló sobre una roca y sangró, por ese motivo volvió antes de tiempo, decía.

Acantilado, La Lobería, San Cristóbal.
Camino al Acantilado.
Iguanas de Galápagos.
Se camuflaban en las rocas.

A la hora de salir de La Lobería se puede compartir el taxi (si es una camioneta, pueden entrar más de cinco personas).

Parte Alta de la Isla

Se lo conoce como el tour a la parte alta o el tour terrestre, consiste en alquilar un taxi (los precios varían entre $50 a $60 dólares) que te llevará a conocer cuatro lugares lejanos de San Cristóbal, el último se ubica a 45 minutos. El costo es por vehículo, así que puedes compartirlo con otras personas. Se aconseja reservarlo con un día de anticipación.

Nos recogieron antes de las 08:00 Am y la primera parada fue en la Casa del Ceibo –o casa del árbol–, se trata de un árbol de 300 años, según dicen, el más antiguo del Ecuador. La pequeña casita en la parte alta, con ventanas y baño, es una cómoda habitación de hostal donde es posible pasar la noche pagando sólo USD $20.

El árbol es tan grande, que le han fijado anclajes en su tronco para practicar escalada, cuenta con todas las medidas de seguridad. También tiene un columpio –sólo con soga– y un escondite en su parte inferior, a modo de sótano, debajo del tronco del Ceibo.

Casa del Ceibo, San Cristóbal.
La Casa del Árbol.
Dentro del árbol más antiguo del Ecuador.
Saliendo del escondite.
Adentro del árbol, San Cristóbal.
Dentro del árbol más antiguo del Ecuador.

Para ingresar se debe pagar USD $2 por persona. Poseen un restaurante para los turistas que llegan cada mañana y tarde. Se ubica en el sector El Progreso, donde fue el primer asentamiento humano de la isla.

La segunda parada fue en la Laguna El Junco, donde después de caminar hasta la parte alta del cerro por un sendero señalizado y con escaleras de madera en ciertos puntos, nos topamos de frente con la reserva natural más grande de agua dulce en el archipiélago.

Se halla en el interior de un cráter inactivo. Esta laguna muestra un paisaje distinto al de toda la isla. Parte del atractivo es llegar y contemplarla, sea de pie o sentado sobre una de las piedras grandes. El viento corre a toda prisa, las aves forcejean para limpiar sus alas y eso crea un retrato único del lugar.

El Junco, San Cristóbal.
Laguna El Junco.
En la montaña, Galápagos.
Desde lo más alto del Junco.

La siguiente parada no consta de tanto paisaje, pero sí para aprender sobre la vida en estado seminatural de los animales más representativos de Galápagos: las tortugas gigantes. Dentro de La Galapaguera, uno puede encontrarse muy de cerca con estos reptiles endémicos de San Cristóbal, existen de todos los tamaños y edades. El recorrido es breve y entretenido.

Tortugas en la Galapaguera.
Las tortugas caminan libremente por el lugar.

Para finalizar el tour, la última parada posee el mayor encanto de este recorrido, es perfecto para echarse a descansar –o nadar– después de tanto caminar. Posee arena blanca decorada con varias rocas formadas sin ningún orden y el agua es sumamente cálida.

Nos referimos a la playa de Puerto Chino, parte de su atractivo se halla también en un mirador al cual se llega –subiendo con precaución– por un sendero semiescondido. Sólo hay que pasar las rocas para verlo.

Mirador Puerto Chino.
En el mirador.
Desde el mirador de Puerto Chino.
Playa Puerto Chino.

Al estar allí parados, mirando hasta donde permitían los ojos, sólo pensábamos en una cosa: “debimos haberle dicho al taxista que nos recoja una hora más tarde”. Se necesita más tiempo para apreciar a fondo este lugar.

Una vez que se ingresa al mar, no se querrá salir. Así nos sucedió un día antes de tomar el avión, volvimos a Puerto Chino y pasamos la tarde entera jugando con las olas, fue la mejor forma de despedirnos de Galápagos –el taxi directo hasta allá, ida y vuelta, cuesta USD $40–.

Playa Puerto Chino, San Cristóbal.
Estuvimos hasta poco antes que se ocultara el sol.

Tour 360

Considerado quizás como el mejor tour de San Cristóbal, lleva ese nombre porque efectivamente se encargan de llevar al turista a darle la vuelta a la isla. Son varias horas navegando, pero los sitios que se conocen son tan impresionantes, que el sacrificio de estar tanto tiempo en alta mar bajo un sol intenso, lo vale.

Existen algunas agencias que ofrecen dicho tour, averiguamos con varias pero al final nos inclinamos por la mejor: Galápagos Eco Fishing. Ellos fueron los pioneros en crear el tour 360.

A las 7:00 Am estuvimos en el local probándonos los equipos, media hora después, nos embarcamos en el bote. Cabalgamos sobre las olas, la marea estaba tan movida (el día anterior habían suspendido las salidas) que el bote parecía un caballo chúcaro.

Transcurrió una hora y media sin ver más que azul por delante y el borde de la isla a un costado. Llegamos al primer punto del tour llamado Rosa Blanca, el tiempo navegando pasó a segundo plano cuando descendimos en una playa paradisíaca de arena blanca.

Antes de ponernos cómodos, el guía nos llevó a hacer snorkel en una laguna cercana, allí pudimos observar tortugas, peces grandes y un tiburón. Luego de flotar por toda la laguna, tuvimos un tiempo para disfrutar de la playa, que más bien parecía una piscina mágica. Nos costó mucho salir del agua para volver a subir al bote.

Rosa Blanca, San Cristóbal.
Por esa orilla pasó un tiburón muy cerca de nuestros pies!
Cuánta tranquilidad en Rosa Blanca.
Playa Rosa Blanca.

El recorrido siguió hasta Punta Pitt, no pudimos bajar a la playa, pero nos acercamos hasta las montañas para ver anidar a las fragatas y a los piqueros patas azules y rojas. Cerca de allí, uno de los ayudantes del capitán pescó un waju grande, el cual pensamos que sería nuestro almuerzo fresco, no fue así, ya nos tenían preparado un plato de comida para cada uno de los 10 pasajeros.

Punta Pitt, San Cristóbal.
Punta Pitt.
Fragata con el pecho hinchado, rojo.
Fragata y piqueros patas azules.

El próximo destino fue otra playa de ensueño, Bahía Sardina nos cautivó desde que la vimos a lo lejos, mientras nos acercábamos en la lancha. Hasta el momento no podemos decidir cuál fue la mejor, si esta o Rosa Blanca.

Las dos tienen arena blanca, agua cristalina y una paz inquebrantable. En ambas fuimos los últimos en subir al bote cuando llegó la hora de partir. Insistimos en quedarnos más tiempo, el guía (dispuesto en apurarnos) nos aseguró que lo mejor del tour estaba por venir.

Playa Bahía Sardina.
Semejante al paraíso.
Bahía Sardina, San Cristóbal.
Cuánta relajación.

Le hicimos caso y, más adelante, a lo lejos, se divisaba una montaña que descansaba en el mar, a medida que nos aproximábamos, nos percatamos que tenía una abertura gigante, el capitán alzó la voz para anunciar que estábamos a punto de atravesarlo. Se trataba de la Ventana de Darwin –así lo llamaban–, habíamos llegado al Cerro Brujo.

Cuando la embarcación se adentró, el eco de nuestras voces se multiplicaba sin parar. Algunos queríamos zambullirnos allí, pero no estaba permitido en ese momento. Otros pasajeros, presos de una leve claustrofobia, mostraban sus ganas inquietantes por salir lo antes posible.

Cerro Brujo, San Cristóbal.
Por medio de la montaña.

Una vez que salimos, avanzamos –en el mismo cerro– hasta un rincón donde nos rodearon varias paredes altas de roca. Aquel sitio tiene otorgado el nombre de Pantalones de Darwin. El guía bromeaba diciendo que si uno se fijaba bien, podía ver las dos piernas y el calzoncillo de Darwin. Sea cual sea la razón del nombre, lo cierto es que el lugar resultó ser fascinante.

Pantalones de Darwin, Cerro Brujo.
Cuánta inmensidad.

Dejamos atrás el Cerro Brujo para dirigirnos al sitio más esperado por todos: el León Dormido. (conocido también como Kicker Rock), se trata de dos rocas de toba volcánica, en medio de ellas se forma un canal natural al cual acuden cientos de personas para bucear y ver una gama interminable de animales marinos. Esta vez nosotros sólo íbamos a hacer snorkel. Aún nos da miedo sumergirnos a más de tres metros.

A pesar de lo helada que estaba el agua y lo fuerte que nos empujaba la corriente (la primera vez que nos lanzamos, tuvimos que regresar al bote para buscar otro punto en el cual zambullirnos), pudimos nadar y ver tortugas marinas, mantarrayas, peces coloridos, lobos marinos y algunos tiburones muy cerca de nosotros.

León Dormido, San Cristóbal, Galápagos.
León Dormido.

Nadamos sin parar hasta darle la vuelta a la enorme roca, algunos optaron por subirse al bote –nos seguía a un costado–. Aunque estábamos agotados, no encontramos conveniente haber venido hasta acá y salirnos del agua antes de tiempo, perdiéndonos todo lo que sucedía a pocos metros de profundidad.

Regresamos al muelle cerca de las 05:00 pm, cansados pero felices de haber disfrutado tanto. San Cristóbal superó nuestras expectativas, no imaginamos que tendría mucho para ver dentro y fuera del agua. Fue un viaje que sin duda alguna, volveríamos a repetir.

TOMAR EN CUENTA

 Requisitos para ingresar
Si viajas a Gálapagos, dentro del aeropuerto de Guayaquil o Quito, antes de hacer la fila en el counter, debes llenar una papeleta para ingresar a las islas –Tarjeta de Control de Tránsito–, cuyo costo es de USD $20. Tienes que presentar tu pasaporte –o cédula si eres ecuatoriano– junto con tu ticket de vuelo. Allí mismo revisan todas tus maletas para confirmar que no lleves nada que pueda alterar el ecosistema del archipiélago.
Luego en el avión te hacen llenar un documento de declaración (Declaración Juramentada de Mercancías).
En el aeropuerto de Galápagos, debes pagar el ingreso a la isla, ya que es declarado un Parque Nacional. El costo varía dependiendo de la nacionalidad: ecuatorianos USD $6, socios Mercosur USD $50 –según nos dijeron– y demás extranjeros USD $100.

Cuándo ir
En cualquier mes del año se puede disfrutar enormemente de Galápagos, sin embargo, existen dos épocas bien marcadas. De enero a marzo hay más lluvias y los días son muy calurosos. En el período de julio a septiembre los días son más frescos y las lluvias escasean.
También dependiendo de la temporada, se ven distintos animales. Aquí encontramos una página con información detallada de lo que se puede observar en cada mes.

Dónde dormir
Nosotros nos alojamos cinco noches en el Hostal Cattleya, lo recomendamos al 100 %. Trudy –la dueña– es un encanto y el desayuno te deja muy satisfecho. Cuesta entre USD $50 a $60 la habitación por noche.
En San Cristóbal también existen hospedajes más económicos que rondan los USD $30 – $35. Algunos no incluyen el desayuno, pero cuentan con wifi.

Dónde comer
La mayoría de restaurantes son costosos, pero alejándonos algunas cuadras de la avenida principal, encontramos almuerzos por USD $3,50 – $4, como en el Restaurante Laurita y el Mercado Municipal.
En la noche acudimos al bar Iguana Rock y varias veces a Cri’s –las mejores hamburguesas– y Giuseppe –las mejores pastas y pizzas de la isla–.

 Qué hacer
Aunque en todo el post les contamos las cosas que pueden hacer en San Cristóbal, queremos recordarles que hay dos imperdibles: el tour a la parte alta –muy barato– y el tour 360 (con la agencia Galápagos Eco Fishing el precio es USD $130 – $150 por persona).
Existen otros tours más económicos donde sólo te llevan al León Dormido y otra playa por USD $100. También está el tour a la Isla Lobos y Playa Ochoa por USD $80.
Otro sitio poco visitado que lamentablemente no pudimos ir es el Jardín de las Opuntias, varios locales nos lo recomendaron, sin embargo, el sendero no está marcado, por lo que es preferible ir acompañado por un guía.
Desde San Cristóbal se puede tomar un bote y visitar la isla Floreana y Santa Cruz. El costo del pasaje es USD $30 –sólo ida–.

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