Guía para recorrer Valladolid: entre su pasado colonial y Chichén Itzá

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Cuando llegamos a Valladolid nos percatamos de que existía una amplia variedad de actividades, incluso algunas a las afueras de la ciudad, por tal razón hemos tenido que crear dos artículos (esta es la primera entrada) para contarles, con detalles, todo lo que ofrece este Pueblo Mágico.


Fecha del viaje: junio 2018

¿Qué hacer en Valladolid?

Una de las formas más frecuentes que solemos escoger para conocer una nueva ciudad, es dirigirnos hacia el centro con los ojos bien abiertos para no perder ningún detalle a la vista, y con los pies dispuestos a caminar durante un par de horas, así lo hicimos en Valladolid, una ciudad un tanto calurosa pero con una amplia lista de cosas por hacer, tanto dentro como fuera de su urbe.

El primer día que salimos a recorrerla, las nubes se posaron para resguardarnos del sol, fue la mejor ocasión para visitar nuestra primera parada: La Calzada de Los Frailes, construida en el siglo XVI con la finalidad de unir la villa de Valladolid con el pueblo indígena de Sisal. Las casas coloridas, los llamativos locales comerciales, restaurantes (como Cafeína donde preparaban las mejores pizzas) y cafeterías (como Yutsil donde probamos unas deliciosas empanadas) nos dieron la bienvenida.

Calzada de Los Frailes en Valladolid.
Calzada de Los Frailes.
Calzada de Los Frailes durante la noche.
La Calzada durante la noche.

Con sólo avanzar pocas cuadras, vimos una auténtica Casa Maya que descansaba en una esquina, la restauraron alrededor de 1998, la mayoría de su fachada fue construida en piedra. Caminamos hasta el final y llegamos al Barrio del Sisal, el cual estuvo separado y habitado por los indígenas hasta el siglo XIX. En el mismo punto se alzaba el Convento San Bernardino de Siena, construido por la orden franciscana cerca del año 1560.

Su decoración por fuera estaba acompañada por grandes arcos. A la hora que fuimos encontramos su iglesia cerrada. El ingreso al templo, donde también se podía observar un pequeño cenote (en el cual estaba prohibido bañarse), costaba $30 pesos –USD $1.58–. Aunque entre sus mayores atracciones figuraba la proyección del video mapping en las paredes del exconvento al caer la noche. La muestra se realizaba de martes a domingo a las 09:00 Pm en español y a las 09:25 Pm en inglés.

Una casa Maya en Valladolid.
Casa Maya.
Convento San Bernardino de Siena en Valladolid.
Convento San Bernardino de Siena.
Entrada al Convento San Bernardino de Siena.
Entrada al convento.
Video Mapping en el centro de Valladolid.
Video Mapping sobre el Convento San Bernardino de Siena.

Otro día, sin la misma suerte de tener las nubes cubriéndonos, fuimos al Parque Francisco Cantón Rosado (la plaza principal, también conocida como La Mestiza). Se podía caminar tranquilamente o sentarse en las famosas sillas con diseño de confesionario de iglesia, donde las parejas no lograban estar completamente frente a frente. Durante la noche encontramos allí abundantes puestos de comida a precios bajos como elotes –choclos– con queso y marquesitas de Nutella con queso crema o churros a $25 pesos –USD $1.31–.

A un costado se levantaba el Palacio Municipal, donde en el salón del segundo piso apreciamos una muestra de murales y pinturas de reconocidos artistas nacionales. En los pequeños balcones que apuntaban hacia la plaza principal, nos asomamos –con precaución– y conseguimos sacar otras perspectivas del centro de Valladolid.

En la parte inferior se hallaba la oficina de turismo, aparte de ser un espacio con wifi gratuito, también era el punto de encuentro para tomar el walking tour nocturno que partía diariamente pasada las 06:30 Pm. Lo hicimos una vez y lo calificamos (de acuerdo a la explicación del guía en cada sitio a visitar) con tres punto cinco sobre cinco. El recorrido terminaba en el exconvento, aunque no tenía costo, le dejamos una propina al guía.

Plaza Principal en el centro de Valladolid.
Junto a la Plaza Principal.
Zócalo de Valladolid.
Parque Francisco Cantón Rosado.
Palacio Municipal de Valladolid.
Pinturas en el salón del Palacio Municipal.
En el centro de Valladolid.
Asomada en el balcón.
Calles del centro de Valladolid.
Perspectivas diferentes desde el segundo piso.

A otro lado del Parque Francisco Cantón Rosado se hallaba el Bazar Municipal, el lugar ideal para comer (sea durante el día o la noche) platos exquisitos a precios bajos, incluso de un plato de $120 pesos –USD $6.32– compartimos los dos. Contaba con varios puestos de comida local. Aunque frente al zócalo (nombre que se le otorga a las plazas principales de México) también habían restaurantes que ofrecían un delicioso menú sin precios exagerados, como en Las Campanas, donde por $200 pesos –USD $10.53– podían cenar dos personas.

Para finalizar con las visitas en el corazón del centro, frente al parque se erigía la Iglesia de San Servacio, a la cual ingresamos de forma gratuita y vimos iluminada durante la noche, valía la pena entrar a conocerla, ya que fue construida en 1706, sustituyendo a la original alzada en 1545 (la mandaron a demoler en 1705).

Iglesia de San Servacio al atardecer.
Iglesia de San Servacio.
Iglesia en el zócalo de Valladolid.
Admirando su arquitectura.

Otro punto que nos fascinó conocer dentro de la ciudad, y a pocas cuadras del centro (se podía ir a pie o pagar alrededor de $25 pesos –USD $1.31– por un taxi), fue el Cenote Zací. Emocionados porque sería nuestro primer cenote en visitar, ingresamos sin tener que pagar la entrada; en realidad pasamos primero por su restaurante para almorzar un filete especial zací y una cochinita pibil por $125 –USD $6.58– y $105 pesos –USD $5.53– respectivamente. Al consumir ahí dentro, ya no era requisito pagar la entrada al cenote, cuyo precio original era $30 pesos –USD $1.58–.

 Si deseas saber por qué le pusieron Valladolid, y conocer otros rincones de la ciudad, así como su oferta hotelera, haz clic aquí.

Los cenotes son ríos subterráneos conectados entre sí, los Mayas los consideraban regalos de los dioses (algunos afirman que representaban la entrada al inframundo). Se cree que en toda la península de Yucatán se hallan alrededor de 10.000 cenotes. La mayoría –como el Zací– son de agua fría, aunque al nadar los huesos se acostumbran con facilidad a la temperatura.

Este era profundo, colocaban una cuerda que se ajustaba en las paredes rocosas de un extremo a otro para que quedara flotando en el agua con la intención de que las personas pudieran sujetarse o pisarla para descansar. Vimos cuatro saltos de diferentes alturas, desde escasos centímetros hasta algunos metros de distancia, el último era el más extremo y del cual pocos se atrevían a lanzarse.

Cenote Zací en el centro de Valladolid.
Cenote Zací.
Cenotes en Yucatán.
Cenote semiabierto.
Cenote dentro de la ciudad de Valladolid.
Se encuentra en el centro de la ciudad.

El Cenote Zací era semiabierto y en la parte superior veíamos las estalactitas descansando bajo su techo, y hacia abajo, a los peces que nadaban entre nuestras piernas. Por ratos llegaban ráfagas de viento que hacían caer rosas sobre el agua desde lo alto. No pudimos acudir desde la mañana, pero de igual forma disfrutamos con tranquilidad (no resultaba un problema escuchar los motores de los vehículos que circulaban por la calle de al lado) hasta antes de las 06:00 Pm, hora en la cual cerraban.

¿Cómo llegar a Chichén Itzá?

Quizás el sitio más visitado a las afueras de Valladolid, incluso una de las mayores atracciones arqueológicas –Mayas– de México, es sin duda Chichén Itzá. No es necesario contratar un tour ni gastar mucho dinero para visitarla. Nuestro método, como en la mayoría de los casos, es encontrar la manera más económica de llegar a tales destinos.

El primer paso fue dirigirnos hacia la terminal de ADO y tomar un bus de la empresa Maya Oriente con destino a la zona arqueológica. Pagamos $33 pesos –USD $1.74– cada uno y, luego de 45 minutos donde viajamos cómodos con aire acondicionado, ya estábamos encaminándonos hacia la entrada. Acudimos tarde –11:00 Am–, recomendamos llegar a las 08:00 Am.

El ingreso tenía un costo de $254 pesos –USD $13.42– para extranjeros, era posible pagar con tarjeta de crédito. Adicionalmente pagamos $45 pesos –USD $2.37– por un impuesto de uso de cámaras, todas las personas debían pagarlo, sea que cargaran una GoPro o alguna otra pequeña.

Pirámide en Chichén Itzá.
Zona arqueológica Chichén Itzá.

Al ser un sitio demasiado concurrido, habían guías que ofrecían sus servicios alrededor de la zona arqueológica desde $100 a $900 pesos –USD $5.28 a $47.57–, dependiendo del número de personas en el grupo y si debía ser bilingüe. El calor ascendía a tal grado que estaba rozando el borde de hacernos padecer.

Los rayos del sol eran extremadamente fuertes, era imprescindible cargar gorra y tomar abundante agua. Allá era posible comprar comida y bebidas, sin embargo, nosotros llevamos sándwiches y comimos en un sitio apartado bajo la sombra, sin ensuciar nada y colocando al final todo en un tacho de basura.

¿Lo más importante para ver en Chichén Itzá?

Cada vez que visitamos un lugar como este, con tanta historia en cada una de sus paredes y espacios, tratamos de recorrerlo por completo para aprender lo que más podamos, sobre todo si es un sitio de gran magnitud, considerado como una de las siete maravillas del mundo moderno –desde el 2007–.

Aunque no podemos negar que El Castillo o Templo de Kukulcán, la construcción más imponente de la antigua ciudad –ubicado en el sector norte– nos impactó con sólo verlo a lo lejos debido a su tamaño y simetría. Cientos de fotos pasaron antes por nuestros ojos gracias a internet, pero nada se comparaba con la sensación de admirarlo de frente, en persona y por primera vez.

Templo de Kukulcán, Chichén Itzá.
Templo de Kukulcán.
Pirámide El Castillo.
Otra perspectiva de El Castillo.

Descubrieron que en su interior albergaba otras construcciones más antiguas (como el Templo del Jaguar Rojo). El Caracol, llamado también El Observatorio debido a su forma y sus posibles asociaciones astrales; alineaciones relacionadas con el planeta Venus y la puesta del sol en los equinoccios, nos sorprendió de igual manera, así como la La Iglesia, una pequeña edificación armada con detalles artísticos que se encontraba cerca y el Templo de Los Guerreros.

Vimos también algunos edificios cuyas paredes tenían plasmadas serpientes emplumadas. Algunas construcciones eran utilizadas para ceremonias, ritos o danzas. La zona albergaba la cancha más grande y mejor conservada del territorio mesoamericano –30 m x 120 m– donde se efectuaban los Juegos de Pelota.

Edificio El Caracol en Chichén Itzá.
El Caracol u Observatorio.
Edificios en Chichén Itzá.
Arquitectura de La Iglesia.
Templo de Los Guerreros en Chichén Itzá.
Templo de Los Guerreros.
Vestigios en Chichén Itzá.
Las Columnas.
Juego de Pelota Maya.
La cancha más grande del Juego de Pelota.

Habían dos cenotes pero con agua estancada, color verde, uno era el Cenote Sagrado donde se realizaban sacrificios a ciertas mujeres vírgenes y a los mejores jugadores del equipo ganador en el juego de pelota.

Nos llamó la atención la cantidad de vendedores de artesanías y recuerdos que habían, tanto dentro como fuera de la antigua ciudad. Cada vez que un cliente se acercaba, ellos lo cautivaban con frases como: “A precio de crisis”, “Acá le robamos menos”, “Si habla español, no le cobramos la traducción”, “para el dios del divorcio” y el más popular “Venga, casi gratis”. Ofrecían figuras por $10 o $20 pesos –USD $0,52 o $1.05–. Veíamos cómo tallaban algunas en el momento y otras, más grandes, las habían concluido en pocos días.

Cenote Sagrado en Chichén Itzá.
Cenote Sagrado.
Serpiente emplumada.
Serpiente en escalinata del Templo de Kukulcán.

Pasaron cuatro horas antes de que nos despidiéramos de Chichén Itzá, considerada la capital de los Itzáes, la misma que en una época llegó a ser el sitio más poderoso de Yucatán. Para retornar a Valladolid tomamos un colectivo –furgoneta–, ya que el bus aún no llegaba, costaba $35 pesos –USD $1.85– y por dentro nos perseguía el calor, aunque (sin saberlo todavía) estábamos a punto de combatirlo con sólo sumergirnos en dos de los cenotes que se encontraban en el camino.

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