Valladolid, entre cenotes y zonas arqueológicas

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Los paisajes que se encuentran a poca distancia de Valladolid, van desde vestigios hasta agua de color rosa. Continuamos con la segunda entrada sobre las actividades que se pueden realizar alrededor de la ciudad.


Fecha del viaje: junio 2018

Cenotes en Yucatán

Entre los tours que ofrecían a la hora de ingresar a Chichén Itzá, estaba la opción de incluir un cenote que, por lo general, era al que más acudían los turistas por encontrarse a pocos metros de la zona arqueológica. Pero habíamos escuchado de otros dos que prometían ser más impresionantes, económicos y con una menor cantidad de personas.

Al conductor del colectivo que nos regresaba al centro de Valladolid, le pedimos que nos dejara en la carretera, a dos km de la entrada (los cuales caminamos emocionados) de los cenotes Samulá y X’Kekén. Ingresar a cada uno, por separado, costaba $80 pesos –USD $4.22–, pero al pagar por los dos, el valor total se reducía a $125 pesos –USD $6.60– por persona.

Nos recomendaron ir primero a Samulá (que en realidad se pronunciaba Samúc Ha). El supuesto guía que nos condujo hasta el primer cenote dijo que habían encontrado dos pequeñas figuras in situ, las cuales hacían el papel de protectores de los cenotes, su forma era similar a la de un duende.

Antes, por el orificio de la parte superior del cenote –era cerrado– descendía una gran estalactita, parecía una enorme raíz que rozaba el suelo, pero hace pocos años un rayo la golpeó y la destruyó por completo. Dejamos las mochilas en los pocos espacios reducidos que encontramos entre las paredes de piedras y nos lanzamos a nadar en el agua fría.

Cenote Samulá en Valladolid.
Interior del cenote Samulá.
Cenotes cerrados en Yucatán.
Nadando en una caverna.

El segundo cenote –X’Kekén– se hallaba a pocos metros caminando por la superficie, al cruzar nos agarró una fuerte lluvia mientras intentábamos cubrirnos sin éxito (de todas formas nos íbamos a mojar). Era cerrado casi en su totalidad, la iluminación por dentro provenía de unos focos y, dentro del agua helada, poseía cuerdas para que las personas tuvieran la facilidad de flotar.

Este nos sorprendió más por su forma y oscuridad que le otorgaba un ambiente misterioso (vimos un mayor número de enormes estalactitas). A las 07:00 Pm cerraban sus puertas. Fuimos de los últimos en salir, por suerte encontramos un taxi / colectivo que, por $25 pesos –USD $1.32– cada uno (éramos cuatro personas), nos regresó hasta el centro de la ciudad.

Cenote X’Kekén en Valladolid.
Cenote X’Kekén.
Cenote cerrado en Valladolid.
Una piscina oscura y natural (algunos nadaban con cierto temor).

Otro día fuimos hacia la hacienda San Lorenzo por la mañana, donde se ubicaba el Cenote Oxman, acudimos en taxi por $25 pesos –USD $1.32– por persona. En el camino aprendimos la importancia de pronunciar correctamente el nombre y confirmar dicho destino con el chofer, ya que en un principio terminó por llevarnos al cenote Samulá. Una vez parados en la entrada exacta, debíamos pagar $70 pesos –USD $3.69–, pero si cancelábamos $150 pesos –USD $7.92–, aparte de entrar, podíamos utilizar la piscina y consumir dicho valor en el restaurante.

El cenote era ligeramente cubierto, con un gran agujero por encima. Antes de bajar por los 73 escalones, pasamos por un mirador a un costado de su agujero. Sobre el agua colgaba en lo alto una soga que invitaba a lanzarse como tarzán en la selva, era un juego en el que pretendíamos volar hasta que chocábamos con el agua. Alrededor de las 02:00 Pm se llenó de turistas porque acudieron varios buses, cerca de las 04:00 Pm volvió la calma y, a las 06:00 Pm, era la hora en que cerraban el acceso.

Para regresar a la ciudad (ya que se encontraba a las afueras) existía la opción de llamar a un taxi cuyo costo giraba alrededor de $100 pesos –USD $5.28–. Nosotros volvimos con una pareja de viajeros que nos dieron un espacio en su vehículo.

Mirador en el cenote Oxman.
Vista desde el mirador.
Cenotes en México.
Disfrutando de las maravillas de México.
Lanzándose sobre el cenote.
Un poco de adrenalina.
Nadando en un cenote.
Piscina natural.

En otra ocasión visitamos el Cenote Suytun, ubicado a 10 minutos del centro de Valladolid, el taxi nos cobró $70 pesos –USD $3.69– la carrera. Para ingresar debíamos pagar $70 pesos –USD $3.69–  por persona. Era obligatorio equiparnos con chaleco salvavidas para meternos a nadar en la congelada agua (fue la más fría de todas), ya que por debajo circulaban corrientes leves (ahí nunca se ha ahogado nadie por las precauciones que se toman).

Al mediodía realizaron un show acerca de los rituales Mayas (se vestían con trajes de guerreros) con la intención de mostrarle a los grupos de turistas que llegaron cómo era la vida en los siglos pasados, luego los invitaban a fotografiarse con los personajes. El cenote era cerrado, con un reducido agujero en la superficie por donde pasaba un túnel de luz que, a determinada hora del día, apuntaba directo al pequeño muelle de piedra. Permanecimos allí, casi a solas, hasta la 01:30 Pm, hora en que nos recogió el taxista.

Cenote Suytun en Valladolid.
Cenote Suytun.
Show Maya en el cenote Suytun
Show Maya.
Luz en el cenote Suytun.
Esperando la proyección perfecta.

Las Coloradas. Reserva de la Biósfera Ría Lagartos

A una distancia considerable de Valladolid se encontraba un sitio cuya popularidad ha ascendido en los últimos años. Su paisaje rosado se ha viralizado a través de las redes sociales, teníamos enormes ganas de conocer en persona este lugar, pero para llegar allá, primero tuvimos que pasar por el poblado de Río Lagartos.

Nuestra aventura comenzó, nuevamente, en la terminal de ADO. Nos embarcamos en un bus rumbo a Tizimín a las 08:00 Am (partían cada media hora desde las siete de la mañana), pagamos $30 pesos –USD $1.58– y viajamos cómodamente durante una hora con aire acondicionado.

Una vez en Tizimín, tomamos otro bus con dirección a Río Lagartos justo saliendo de la terminal (girando hacia la derecha, en otra estación llamada Noreste), pagamos $45 pesos –USD $2,37– y tardamos otra hora de viaje, esta vez sin a/c. Supuestamente había un bus (o camión, como lo llaman en México) directo hasta Las Coloradas por $60 pesos –USD $3.16– pero partía recién a las 10:30 Am; debíamos esperar una hora más, razón por la cual descartamos dicha alternativa.

Antes de descender en el pueblo, un capitán nos abordó con la intención de vendernos el tour en lancha por la reserva. Éramos seis personas y nos dejó a $150 pesos –USD $7.92– por cada uno. En un inicio el paseo sería de tres horas, pero terminó siendo de dos.

La lancha tenía una lona encima que nos protegía del sol, aunque me tocó ir en la proa para equilibrar el peso, de todas formas nos bañamos en bloqueador. Vimos algunas aves como águilas, gaviotas, pelícanos, cormoranes y flamencos, estos últimos muy de cerca y por montones. Nos dijeron que abril y mayo eran los mejores meses para apreciarlos.

Flamencos volando en Río Lagartos.
Vuelo de flamencos.
Flamencos en Yucatán.
Observación de flamencos.
Navegando en Río Lagartos.
Navegando por la Reserva de la Biósfera Ría Lagartos.

Desembarcamos en una parte de la reserva esperando ver el color rosa en el agua, pero nos encontramos con un marrón que cubría toda la superficie, no lucía como nos prometió el capitán; nos decepcionamos. Allí mismo estaba el barro (en un balde que traía el lanchero, y no en un pantano como nos imaginamos) que representaba el baño Maya y formaba parte de la experiencia del tour. Algunos se embarraron sólo la cara y otros el cuerpo entero.

En definitiva el recorrido no fue como lo esperamos, al final nos dejaron en un ojo de agua (especie de laguna) para bañarnos, pero el agua estaba sucia, como estancada y sólo sirvió para quitarnos el barro del cuerpo, echándonos el agua con ayuda de las manos, Nadie deseaba meterse. Éramos los únicos turistas en ese punto. Desde ahí caminamos hasta la terminal pequeña del pueblo ubicada a 100 metros.

Río Lagartos, Yucatán.
Colores en el agua, Río Lagartos.
Baño Maya en Río Lagartos.
Baño Maya.

Aún teníamos enormes ganas de presenciar las salineras rosadas, no nos podíamos ir sin conocerlas. Así que nos animamos a viajar hasta el pueblo Las Coloradas, el bus costaba $15 pesos –USD $0.79– y llegaría, probablemente, entre las 02:00 y 02:20 Pm, debíamos ser pacientes y esperarlo.

Lo vimos acercarse y corrimos hacia él. El trayecto duró pocos minutos, estábamos emocionados y, a la vez, un tanto inquietos y apurados porque el mismo bus en el que acabábamos de llegar, era el último en viajar de vuelta a las 03:00 Pm, después no tendríamos manera de regresar, a menos que paguemos un precio alto por un taxi privado.

Contábamos con 20 minutos para disfrutar de este magnífico espacio que pertenecía a una propiedad privada, a la cual se podía ingresar sin problema contratando, obligatoriamente, uno de los guías que esperaban en la entrada (costaba $50 pesos –USD $2.64– por grupo).

Las Coloradas, Yucatán.
En Las Coloradas de Yucatán.
Agua de color rosado en Valladolid.
El verdadero color rosado.

El hecho de que el agua fuese de color rosa se debía a los microorganismos que se hallaban en aguas saturadas de sal, fue producido accidentalmente ya que el pueblo vive de la producción de sal y, al acumularse el depósito de sal, hizo que el lago se tornara rosado. Estaba prohibido meterse, era dañino para el cuerpo porque contenía salmuera de alta densidad.

Luego de tomar algunas fotos en la zona, tuvimos que correr para no perder el bus, eran las 03:15 Pm y seguíamos impresionados con el tono de la salinera. Lo vimos estacionado a lo lejos, esperándonos en la calle. Los demás guías que se encontraban en la garita, al vernos salir desesperados, nos sacaron, uno a uno, en sus motos sin cobrarnos nada.

Desde este punto pagamos $50 pesos –$2.54– por persona hasta Tizimí, en su terminal tomamos otro con dirección a Valladolid a las 04:45 Pm, partían constantemente. Era posible conseguir un taxi privado y viajar directamente desde la ciudad, pero con precios mucho más elevados. En caso de contar con poco tiempo, esta sería una opción conveniente. El nombre de nuestro guía en Las Coloradas era Arnoldo Azueta, y su celular: 9861201415.

Zona Arqueológica Cobá

Aunque desde Tulum también existía la posibilidad de visitar Cobá (se ubicaba en el estado de Quintana Roo), decidimos hacerlo una vez acomodados en Valladolid. La forma más económica para ir era acudiendo a la terminal de ADO y tomar un bus de la compañía Mayab, la más calurosa donde el aire acondicionado no funcionaba y las ventanas eran casi imposible de abrir.

Partimos a las 09:30 Am y en media hora, tras pagar $50 pesos –USD $2.64– cada uno, el conductor nos dejó cerca de la entrada de la zona arqueológica. Caminamos junto a la Laguna de Cobá. El ingreso lo hicimos a las 11:00 Am, tenía un costo de $70 –USD $3.69– más $45 pesos –USD $2.37– adicionales por el impuesto de uso de cámara (se podía pagar con tarjeta de crédito). En el horario de 04:30 a 07:00 Pm, la entrada aumentaba a $240 pesos, no nos supieron decir la razón exacta.

Para visitar las edificaciones de Cobá, debíamos caminar distancias largas, ya que la zona se hallaba dividida en cuatro grupos: Cobá, Pinturas, Nohoch Mul y Macanxoc. Antiguamente existían caminos (o Sacbeoob, como los llamaban antes) de 100 km de largo que se unían con otros asentamientos prehispánicos.

Vestigios en Zona Arqueológica de Cobá.
Vestigios en Cobá.
Edificaciones prehispánicas en México.
Túneles prehispánicos.
Edificaciones en Cobá.
Descansos durante largas caminatas.

Muchas personas preferían alquilar bicicletas al ingresar (costaban $50 pesos –USD $2.64–). También circulaban las bicitaxis (triciclos con asientos) que cobraban cerca de $75 pesos –USD $3.96– ida y vuelta por ciertos trayectos. Como en la mayoría de lugares turísticos, algunos conductores buscaban la manera de cobrar más a los extranjeros. Con cualquiera de las tres formas de movilizarse, se tenía que combatir con los mosquitos y el agobiante calor.

Entre los vestigios más impresionantes, se encontraba el edificio Nohoch Mul, el más alto del norte de la península de Yucatán –42 metros–. Para alcanzar su cima, era necesario subir por unos empinados escalones de una de sus paredes, ayudados con una cuerda que se sujetaba fuertemente con las manos. Implicaba cierto trabajo, pero la recompensa que nos esperaba arriba hizo que valiera la pena.

Pasamos un tiempo largo en la parte superior, esperando que se despejara de gente (en un momento éramos sólo seis personas) para disfrutar mejor del paisaje y tomar fotos con más calma. Al momento de bajar, algunos lo hacían sentados debido a su inclinación.

Edificio Nohoch Mul en Cobá.
Edificio Nohoch Mul.
Escalando la pirámide más grande de la península de Yucatán.
Subiendo a la pirámide más alta de la península de Yucatán.
Escalones del edificio más alto de Cobá.
Unos cuantos escalones después.
Desde la cima y el punto más alto en Cobá.
Desde la cima.

Vimos canchas donde antiguamente realizaban los juegos de la pelota, estelas grandes (monumentos de piedra esculpidos) que registraban, aparentemente, acontecimientos y fechas importantes de la época; la estela 30 –de las mejores conservadas– tenía inscrito 30 de noviembre de 780 d.C. y se desconocía la razón.

Caminamos alrededor de Cobá hasta agotarnos (paramos en ciertas ocasiones para descansar y tomar fotos), a la hora de regresar a Valladolid, casi a las 02:30 Pm, no había rastro del bus por ningún lado, así que probamos suerte levantando el pulgar y, después de largos minutos, conseguimos un aventón.

Caminos extensos y naturales en Cobá.
Por los caminos extensos de Cobá.

Regresamos al centro para andar por última vez entre las calles de Saki’ (el nombre Maya de Valladolid, significaba Gavilán Blanco), esta ciudad nos acogió de la mejor manera, nos enseñó que la comida más deliciosa y autóctona la podíamos probar en una carreta estacionada en una esquina en donde, junto a gente local, nos volvimos adictos a la cochinita pibil (el mejor plato era el Polkán, en lengua Maya quería decir Cabeza de Culebra).

Nos hizo degustar shots digestivos preparados con maíz y miel, y otro destilado de agave con 34 % de alcohol. Nos presentó a personas con una amabilidad y personalidad excepcional. Sólo nos quedaba decirle adiós desde la terminal de ADO, embarcados en un bus (el cual nos costó $125 pesos –USD $6.60–) de la compañía Oriente que se dirigía a la ciudad de Mérida, nuestro siguiente destino.

¿Dónde alojarse en Valladolid?

Nos hospedamos en un Airbnb (lo encuentran como Casa Fernery) cerca de un mercado y a pocos pasos del cenote Zací. Contábamos con cocina, ideal para prepararse comida saludable durante un viaje largo.

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