Riviera Maya, guía para disfrutar del caribe mexicano

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En un viaje a través del estado de Quintana Roo, recorrimos desde Bacalar hasta Cancún, visitando las paradisíacas playas de la Riviera Maya sin gastar tanto dinero.


Fecha del viaje: mayo 2018

Comienzos y requisitos para ingresar a México

Era nuestra primera vez en México e ingresamos por tierra desde Belice, comenzamos la travesía en la ciudad de San Ignacio. A las 08:00 Am estábamos con las mochilas en el parqueadero de autobuses bajo la sombra de un árbol, esperando que llegara un bus y nos llevara rumbo a Belice City, el shuttle directo hasta Bacalar –México– costaba entre USD $40.00 a $50.00 por persona.

Al ser domingo, el Chicken Bus (aquellos buses escolares de EEUU de color amarillo) pasaba únicamente cada hora, la espera se hizo un tanto larga hasta que logramos embarcarnos en uno acompañados por gente local, que sonreían al vernos, y música rock de los noventa a todo volumen.

Pagamos USD $11.00 cada uno y tardamos alrededor de tres horas hasta la terminal de Belice City, donde por USD $17.00 –por persona– conseguimos boletos hacia Bacalar en la compañía ADO, una de las más cómodas y utilizadas en el sur de México. Partimos a las 11:00 Am.

A la salida de Belice tuvimos que pagar USD $20.00 cada uno, y al entrar a México, el cobro era de $533 pesos –USD $27.79–. Este último valor pudimos pagarlo con tarjeta de crédito. Era una cantidad considerable de dinero para gastarla de golpe, pero la Riviera Maya nos esperaba. En la ventanilla de migración nos pidieron Visa (actualmente los ecuatorianos ya no la requerimos), mostramos la de EEUU y nos asignaron 180 días en el país.

Bacalar

Bacalar es considerado un Pueblo Mágico (con ese nombre catalogan a varios pueblos pintorescos y atractivos de México), andar entre sus calles es seguro y su principal atractivo se centra en la laguna cristalina de siete colores (llamada originalmente como Laguna Bacalar).

Laguna de 7 colores en Bacalar.
Bacalar, Pueblo Mágico.
Laguna de Bacalar, México.
Los colores en la Laguna de Bacalar.

Realmente son siete tonalidades de azul, ya que el agua que la forma proviene de siete cenotes diferentes. Los colores se aprecian mejor cuando el sol se encuentra en el punto más alto del cielo; en ella se realizan paseos en lancha y visitas a ciertos cenotes abiertos, como la Bruja y el Azul.

El agua es cálida, transparente, luce como una piscina perfecta. Posee varios accesos, pero son cuatro los balnearios públicos, y en algunos se debe pagar un valor –económico– para entrar, aproximadamente suele ser $10 pesos –USD $0.52–.

Nuestro Airbnb se ubicaba a pocas calles de la estación de autobuses ADO, la distancia que nos separaba del centro era corta, por lo que podíamos ir caminando, así lo hicimos y llegamos hasta un pequeño muelle, luego avanzamos y entramos gratis al balneario El Acerradero (de los más recomendados), lo único que cobraban eran $3 pesos –USD $0.15– cada vez que uno deseaba ir al baño.

Laguna de Bacalar.
Muelle gratuito hacia la laguna.
El Acerradero, Bacalar.
Muelle en el Acerradero.

En el balneario habían mesas bajo los árboles donde nos sentamos a comer lo que habíamos llevado (sándwiches, frutas) y tenía un muelle en el cual se ingresaba sin alimentos, ni bebidas ni bloqueadores que no sean biodegradables. Allí estuvimos la mayor parte de la tarde, relajándonos y nadando en la tranquila y poca profunda laguna de siete colores; aunque a esa hora había un mayor número de personas.

En el centro de Bacalar también se ubicaba el Castillo de San Felipe, desde afuera logramos apreciarlo con detalle, pero nos quedó pendiente visitar el museo, cuyo costo era de $100 pesos –USD $5.19–. A pocas calles de allí se hallaban dos de los sitios donde más disfrutamos de la comida: la Pizzeria Bertilla y los tacos en La Piña, su concepto ecológico y buen sabor nos fascinaron.

Castillo de San Felipe en Bacalar.
Exteriores del Castillo de San Felipe.
Fuerte San Felipe, Bacalar.
Llamado también Fuerte San Felipe.

Cerca de Bacalar se encontraba el poblado de Mahahual con su tranquila playa turquesa catalogada como un paraíso mexicano, el ambiente se agita, de forma leve, con los arribos de cruceros. Lastimosamente no alcanzamos a conocer este lugar debido a que los buses hasta allá no eran frecuentes.

Tulum

Al tercer día por la mañana, caminamos hasta la terminal del ADO para dirigirnos hacia Tulum. Tomamos un bus de la compañía Mayab, era la más económica (pagamos $382 pesos –USD $19.82– por los dos) y parecía un sauna con llantas. El calor era inaguantable, las ventanas no se podían abrir y el aire acondicionado sólo lo encendían cuando entrábamos en una de las terminales que se ubicaban en el camino. También habían buses más cómodos a precios más elevados.

En pocas horas llegamos a la ciudad, era más turística y agitada que el sitio que acabábamos de dejar atrás. En cuanto al hospedaje, se manejaban precios similares, notamos lo mismo con los supermercados, como el de San Francisco de Asís, al cual íbamos caminando durante la noche y nos sentíamos seguros. Almorzábamos por $80 pesos –USD $4,15– en un restaurante casero llamado Tropi Q.

Desde la Av. Principal tomamos una furgoneta –o van– rumbo a la zona arqueológica de Tulum, pagamos $20 pesos –USD $1,03– cada uno. También existe la opción de ir en bicicleta, ya que se encuentra cerca del centro. Algunas personas prefieren transportarse en vehículo, es común alquilar autos para movilizarse por Quintana Roo; eso sí, los peajes abundan por todo el estado.

La furgoneta nos dejó a un costado de la carretera, apenas dábamos los primeros pasos cuando nos rodearon los guías y vendedores que ofrecían recorridos turísticos, asegurando que para apreciar otras perspectivas y la parte posterior de las pirámides, sólo era posible tomando el paseo en lancha por el mar, aquel tour también incluía snorkeling y pasar toda la tarde bajo una sombrilla de un restaurante frente a la playa. Los costos iban desde $680 –USD $34.78– hasta $1.880 pesos –USD $96.16– por persona.

Pirámides de Tulum.
El sol nunca falta en esta zona de la Riviera Maya.
Zona arqueológica de Tulum.
Pirámides frente al mar.

Recomendamos llegar a la zona arqueológica temprano por la mañana –08:00 Am, cuando hay menor cantidad de gente–. Nosotros fuimos a las 10:30 Am y tuvimos que armarnos de mucha paciencia. Pagamos $70 pesos –USD $3.58– para entrar y el sol se intensificaba con cada paso que dábamos, era complicado hallar un pedazo de sombra, aunque en el área del mirador, frente al mar (las pirámides de Tulum son las únicas construidas frente al mar), la brisa calmaba el calor.

Aparte de los coatíes que andaban libres por el lugar, también vimos algunos edificios emblemáticos como el de los Frescos, el Templo del Dios del Viento, del Dios Descendente y El Castillo, el más imponente y en donde realizaban las principales ceremonias religiosas. Vale la pena dedicarle un par de horas para recorrer el sitio con calma y apreciar cada rincón; la paciencia es muy necesaria por la cantidad de turistas que encontrarás durante el transcurso del día.

Playa de Tulum, Riviera Maya.
Se puede descender a la playa, frente a las pirámides.
El Castillo, Tulum, México.
El Castillo.

Luego de salir de la zona arqueológica de Tulum nos dirigimos a pie hacia la Playa Santa Fé, ubicada a pocos minutos. Caminar por el lugar es sumamente tranquilo porque se encuentra dentro del Parque Nacional Tulum. La arena blanca hacía que el resplandor nos cegara los ojos, por lo que nos detuvimos a descansar bajo la sombra de una palmera. Continuamos hasta Playa Paraíso donde se halla la famosa palmera que ha sobrevivido a varios huracanes y en la que muchos se suben para sacarse una foto.

En este sector el color del agua resaltaba más y había una menor cantidad de algas –sargazo–, por lo que dejamos nuestras mochilas sobre la arena y nos lanzamos al agua. Pasamos un largo rato nadando y flotando en el mar. Si uno desea puede comer en uno de los restaurantes con sombrillas, mesas y camastros frente al mar, aunque los precios no eran baratos.

Playa Paraíso en Tulum.
Otra perspectiva de la Playa Paraíso.

Antes que terminara la tarde, volvimos a pie por todo el camino recorrido anteriormente hasta la carretera para tomar la furgoneta que nos devolvería al centro de Tulum, donde al día siguiente nos embarcaríamos, sobre la Av. Principal (cerca de la heladería Panna & Cioccolato), en otra van con dirección a Playa Del Carmen por $45 pesos –USD $2.29– cada uno, ya que los buses ADO costaban el doble. No tuvimos inconvenientes en acomodar las mochilas grandes adentro.

Playa Del Carmen

Demoramos alrededor de una hora en llegar hasta la terminal, ubicada en el centro de la ciudad, un taxi nos cobró $35 pesos –USD $1.78– hasta nuestro hospedaje llamado Blue Coral apartments; un solo ambiente con cocina, a/c, wifi y baño privado. Estuvimos cuatro noches, las dos últimas pagamos directamente en efectivo y nos dejaron a USD $15.00 cada noche.

Durante esa temporada en la playa pública, situada a un costado de la terminal marina donde parten los ferries hacia la Isla Cozumel, a la cual no logramos ir pero muchos nos la recomendaron, es uno de los mayores tesoros de la Riviera Maya, ya que es el primer punto en México donde aterrizan los rayos del sol.

 Puedes conocer más sobre esta fascinante isla haciendo clic aquí.

Continuando con lo mencionado en el párrafo anterior, notamos bastante sargazo en la orilla de la playa pública. El color del agua se tornaba café. Sólo frente a los resorts cambiaba la tonalidad debido a que los empleados recogían las algas y la limpiaban a diario.

Un día que caminábamos por la zona de los resorts, descubrimos las Ruinas Mayas de Playacar, vimos sólo una parte (el Grupo C, E y F) pero son más de 100 pequeños vestigios arqueológicos esparcidos por el área, ya que el territorio que ocupa Playa Del Carmen, antiguamente se lo llamaba Xaman – Há, aquí se reunían para emprender el viaje hacia la isla de Cozumel con el propósito de adorar a la diosa de la fertilidad.

En otra ocasión paseamos por la Quinta Avenida, el punto más turístico de la ciudad, cientos de tiendas de marcas famosas, restaurantes, bares y locales comerciales de distintos tipos se daban un espacio en este lugar. Toda su extensión se la recorría fácilmente a pie. Y aunque habían bastantes opciones de comida, uno de los restaurantes más recomendados para probar platos locales y a buen precio, era El Fogón, ubicado en otra de las avenidas concurridas de Playa Del Carmen.

Cancún

Para viajar a la ciudad de Cancún, donde muchos nos aconsejaban esquivarla sin imaginar que terminaría por fascinarnos, tomamos otra furgoneta –van–, pagamos $40 pesos –USD $2.06– por persona y llegamos rápidamente a uno de los lugares más turísticos de la Riviera Maya.

Varias empresas ofrecen este tipo de servicio, la que tomamos se encontraba diagonal al Parque Portal Maya. Aunque su última parada era frente a la terminal de ADO en Cancún, nos bajamos cerca al centro comercial Plaza las Américas, allí nos encontraríamos con una amiga que nos recibiría en su casa (gracias a Couchsurfing).

También nos habían dicho que si no contábamos con un vehículo, sería imposible movilizarnos por la ciudad; comprobamos que estaban equivocados. Desde nuestra casa temporal tomamos un bus hasta la Av. Tulum (pagando $10 pesos –USD $0.51– cada uno) y luego nos embarcamos en el R1 (costaba $12 pesos –USD $0.62–) que nos dejó precisamente en la zona hotelera.

Aunque en la época que fuimos la lluvia también quiso ser partícipe del viaje, disfrutamos de la playa cuando escampaba. La primera que visitamos fue Playa Delfines, era perfecta para relajarse porque tenía parasoles –sombrillas– gratuitos de madera y paja frente al mar, si las gotas volvían a caer del cielo, estos nos protegían. El color del agua impresionaba, aunque las olas no incitaban a meternos a nadar.

Playa Delfines, Cancún, Riviera Maya.
Playa Delfines en Cancún.
Cancún, Riviera Maya.
Mirador de la Playa Delfines.

El único inconveniente que podríamos nombrar, quizás sea el hecho de toparnos con demasiados vendedores ambulantes ofreciendo lo mismo a cada minuto: bebidas, comida y parasoles más cercanos a la orilla. Al único que le compramos fue al señor que vendía kibis (parecido al quipe pero con queso blanco y cebolla por dentro) a $20 pesos –USD $1.03–.

La avenida de la zona hotelera era extensa, para ir de una playa a otra nos movilizamos en el bus R1 o R2. Al momento que nos despedíamos de la primera playa y salíamos a la ruta, nos impresionó la fila interminable que había para fotografiarse con las letras coloridas de la ciudad sobre la acera, al parecer, los turistas desconocían que en distintos puntos del lugar existen las mismas letras.

Nos dirigimos hacia Playa Caracol, la longitud de su arena era corta, los resorts estaban pegados a la orilla (favorablemente daban sombra). Aunque el agua no era tan clara, no había algas y nos bañamos por un largo rato; había poca gente.

Playa Caracol, Cancún.
Muelle en Playa Caracol.

Luego caminamos hasta Playa Forum, con más personas (locales y extranjeros) disfrutando de sus aguas azules y con sombra gracias a los edificios. Los surfistas desafiaban a las olas. Algunas partes eran aptas para bañarse y en otras la bandera roja lo impedía. Vimos una roca grande a la cual no dudamos en subir para obtener una vista más favorable de la playa, había gente con parlantes retumbando canciones de reggaetón y bebiendo cerveza.

Olas grandes, Cancún, México.
Olas desafiantes.
Extensión de la Playa Forum en Cancún.
Una parte de la Playa Forum.
Sobre la roca frente al mar, Cancún, Riviera Maya.
Desde lo alto de la roca.

Avanzamos hasta Playa Langosta, entrando por una parte del campo de golf (frente a una parada de bus). Desde ahí, sobre un muro, presenciamos un atardecer espectacular donde el sol caía detrás de unas edificaciones. No bajamos a la playa porque el espacio era estrecho y había un número considerable de algas que tornaban el agua de color café.

La Playa Tortuga sólo la vimos desde afuera, su ambiente era más familiar y con una mayor cantidad de personas. Al momento que caminábamos por la acera, yendo de una playa a otra, veíamos algunos letreros que indicaban la presencia de cocodrilos debido a la Laguna Nichupté que bordea la zona hotelera.

Playas de Cancún, México.
Atardecer desde la Playa Langosta.
Zona Hotelera, Cancún.
Hasta aquí avanzamos, no bajamos.

Hubo algunos lugares que nos quedaron pendientes conocer dentro de Cancún como el famoso Museo Maya, el Mercado 28 y cruzar a Islas Mujeres; tampoco alcanzamos a ir a un área poco visitada de la Riviera Maya llamada Playa Blanca –o Isla Blanca–, ubicada al norte del estado.

El siguiente destino que visitamos fue un paraíso total, una isla que nos mostró unas playas de ensueño, a las cuales catalogamos como nuestras preferidas de México –hasta la fecha–. En el siguiente artículo les contaremos sobre Holbox; cómo llegar, hospedajes y todo lo que necesitan saber para disfrutar de este alucinante destino situado al final de la península de Yucatán.

Datos adicionales:

En el mes de junio los precios de distintas atracciones y sitios turísticos de México suelen incrementar por las vacaciones.

 Dentro del estado de Quintana Roo existen varios cenotes como Gran Cenote, Car Wash (aunque es abierto, pero económico), Casa Cenote (costoso pero el mejor según National Geographic), Cenote Cristalino (recomendado por Lonely Planet).

 No visitamos ninguno porque nos esperaban otros en los próximos kilómetros (de igual o mayor impresión) en el estado de Yucatán, a precios mucho más accesibles; así como los demás sitios arqueológicos. Se los mostraremos en los siguientes posts. La playa de Akumal y el Parque Xcaret, fueron dos de los atractivos turísticos que no entraron en nuestra lista; tampoco en nuestro presupuesto.

 Para utilizar datos en los celulares dentro de México, compramos dos chip –prepago– de la compañía AT&T, teníamos redes sociales ilimitadas por $300 pesos –USD $15.70– al mes, el chip venía incluido.

 Las casas de cambio, en esta parte del país, dan un valor inferior al precio regular, lo mismo ocurre con los restaurantes que aceptan pagos en dólares. Algunos supermercados, como el Mega, dan mejor cambio si se compra con moneda extranjera.

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