Conociendo Ecuador con Wanderbus, qué es y cómo funciona

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A finales de noviembre de este año –2018– nos subimos por primera vez al Wanderbus, ¿de qué se trata este bus? Pues es una forma cómoda, práctica y segura de visitar varios de los sitios más emblemáticos del Ecuador, como la Laguna de Quilotoa, el Volcán Cotopaxi, P.N. El Cajas, las Lagunas de Ozogoche –nuestro favorito–, entre otros rincones de la Sierra y Costa ecuatoriana.

A bordo va un guía bilingüe explicando –la mayor parte del tiempo– acerca de la flora y fauna de los lugares que visitamos, así como los aspectos culturales. ¿Qué es lo característico del bus? Aparte de sus paradas cortas (algunas de minutos, otras de horas), es que al descender en los destinos finales donde se pasará la noche (como Baños, Cuenca), puedes permanecer allí los días que quieras, conociendo los alrededores de la ciudad, hasta subir nuevamente al bus y continuar con el recorrido; es lo que se conoce con el nombre de hop on – hop off.

Casa del Árbol, Baños, Ecuador.
Recorriendo Baños durante nuestra estadía de varios días.

Wanderbus ofrece 12 tipos de recorridos con distintos precios, nosotros tomamos el completo: Wander Pass. Su punto de partida es en Quito, desciende hasta Cuenca para luego dirigirse hacia la Costa y, posteriormente, volver a la capital.

En nuestro caso, como somos de Guayaquil, nos embarcamos aquí, durante la tarde de un miércoles en el Hotel Holiday Inn (cerca al aeropuerto). El bus llega y se marcha de cada destino tres veces por semana, por lo que es importante revisar el itinerario en su web y confirmar con la empresa (mínimo 24 horas antes) el día que se pretenda tomarlo.

Habían pasado por nosotros después de las 03:00 Pm, llegamos a nuestro primer destino –Montañita– al anochecer. Durante el recorrido, el guía, llamado Alexander, nos contaba brevemente la historia de Guayaquil, más adelante habló sobre el asentamiento de la cultura Valdivia y sobre la vegetación que veíamos desde las ventanillas.

Dentro del bus realizaron juegos de adivinanzas (basados en la explicación que nos dieron durante el recorrido) para ganar bandanas y postales del Ecuador. Luego de parar en una gasolinera, nos dedicamos a ver una película ecuatoriana (esta vez fue Pescador) hasta las 07:00 Pm que llegamos a nuestro destino.

Como al día siguiente debíamos estar a las 07:00 Am sobre la carretera, tomando el bus justo en el punto de encuentro, decidimos pasar la noche en una zona tranquila de Montañita y dormir en el hotel Paradise by Dharma (USD $22,32 costó la habitación privada).

Muchos prefieren quedarse varios días en el pueblo, disfrutando de la playa o tomando clases de surf. Nosotros no lo hicimos porque la mejor época para bañarse en el mar, según nuestra experiencia y gusto por la temperatura del agua, es de enero a mayo.

Por la mañana salimos puntual, pasamos por Puerto López dejando a cuatro pasajeros y continuamos hasta Puerto Cayo. Nos esperaba un desayuno inigualable en el hospedaje Cabalonga, el cual consistía en un tigrillo con queso manabita, sal prieta, pimiento y cebolla cosechada allí mismo en su huerta, acompañado con jugo y café orgánico.

Tigrillo de desayuno.
Desayuno en Puerto Cayo (foto desde el iPhone).

Nos dejaron participar en el proceso de la preparación del tigrillo majando el verde. Pagamos USD $4,00 cada uno por aquel desayuno (el hospedaje y la comida no se incluyen en el Wanderbus). También era posible dormir en una de sus lujosas carpas pagando USD $20,00 por persona.

Antes de las 10:00 Am nos encontrábamos camino a Quito. Esta parte del recorrido fue la más larga de todas, y la mejor para colocar películas en el televisor del bus. Nos detuvimos sólo para ir al baño y almorzar. Llegamos a la capital, precisamente a la Plaza Foch, en la noche.

Por cuenta propia viajamos hasta la ciudad de Otavalo (también vale la pena conocer Quito, hay mucho por ver), por lo que continuamos con el recorrido después de unos días. Nos embarcamos en el bus nuevamente desde la Plaza Foch a las 06:10 Am (sí, se madruga bastante), recogimos a otros pasajeros en la Plaza Belmonte y nos despedimos de la capital desde el mirador la Ferroviaria.

Mirador la Ferroviaria en Quito.
Mirador la Ferroviaria.

Aunque en esta época era difícil ver a los volcanes completamente despejados, logramos observar el Corazón, Cayambe, Pichincha y los Ilinizas justo antes de llegar a la Hacienda La Victoria, en Tambillo, para probar un desayuno tradicional (sin ningún costo) de acá. Contenía leche natural, café, pan, frutas y dulce de leche.

Los Ilinizas, Sierra de Ecuador.
Volcán Los Ilinizas.

Al comer todos en una sola mesa, era inevitable conversar y hacernos amigos con los demás viajeros a bordo del Wanderbus. Juntos fuimos a ver las vacas pequeñas que tenían en el corral. Había una muy grande que en ese instante le estaban dando de comer, de esa forma era más fácil que uno de nosotros la ordeñara; Andrea lo hizo.

A las 09:10 Am ingresamos al Parque Nacional Cotopaxi, aquí yacía el segundo volcán activo más grande del mundo, mide 5,897 msnm. El bus se estacionó y, junto al chofer, la guía –llamada Cris– y los demás, caminamos hasta uno de los miradores en la Laguna de Limpiopungo. El paisaje estaba compuesto por el Volcán Rumiñahui y el Volcán Cotopaxi (en un momento las nubes dejaron ver su cima).

Volcán Rumiñahui en Parque Nacional Cotopaxi.
Volcán Rumiñahui.
Volcán Cotopaxi, Ecuador.
Volcán Cotopaxi.
Parque Nacional Cotopaxi.
Desde la Laguna Limpiopungo.

La hora del almuerzo nos tocó en Pujilí, donde al terminar de comer, nos llevaron a pasear por sus calles y nos explicaron el significado de sus bailes tradicionales. Seguimos con el recorrido, viendo el paisaje verdoso y montañoso que se presentaba a través de las ventanas del bus. Al mismo tiempo, la guía nos contaba historias que habían ocurrido en la zona, como la estrella que robaba papas y el cóndor que capturó a una niña.

Para las tres de la tarde, nos encontrábamos caminando hacia el mirador de la Laguna de Quilotoa, esta vez no pudimos descender hasta su orilla porque la parada era corta, sólo contemplamos el panorama. Sin duda alguna valdría la pena pasar varias noches aquí. En 40 minutos ya estábamos sentados en el bus, rumbo a Baños de Agua Santa. Pero antes, hicimos una pequeña parada en Salcedo para probar los auténticos Helados de Salcedo. Un postre infaltable, el tradicional se componía de cinco sabores y costaba USD $0,75.

Laguna de Quilotoa en Ecuador.
Laguna de Quilotoa.

A las 07:00 Pm el bus nos dejó en una de las calles de Baños, agotados, sólo caminamos para buscar un hotel y echarnos a dormir. Permanecimos cuatro días en la ciudad hasta subirnos al siguiente Wanderbus.

 Cabe destacar que, si al momento de llegar a uno de los destinos, no cuentas con un hospedaje, los guías te pueden recomendar o ayudar a buscar uno desde tu celular, ellos conocen los más adecuados con respecto a precio y comodidad.

Visitamos cascadas, la famosa Casa del Árbol y un sábado a las 07:00 Am estábamos en la terminal, de vuelta en el bus para dirigirnos hacia Riobamba. Mientras nos marchábamos, el Volcán Tungurahua se despejó para despedirse. Al llegar, lo primero que hicimos fue desayunar en el mercado, probamos jugos de distintas frutas con hielo proveniente del Volcán Chimborazo.

Pailón del Diablo en Baños.
Pailón del Diablo.
Cascada Pailón del Diablo.
La fuerza de la caída de agua paralizaba a cualquiera.
Columpio del fin del mundo en Baños.
Columpio del fin del mundo.
Volcán Tungurahua, Ecuador.
Volcán Tungurahua.

Luego, a las 10:40 Am, visitamos la Iglesia de Balbanera, la primera en construirse dentro del Ecuador, fundada el 15 de agosto de 1534. Sólo pudimos verla por fuera, ya que a esa hora permanecía cerrada. Según nos dijeron, ahora la abren únicamente en la tarde. Era posible ingresar al museo (pagando USD $1,00), pero no contábamos con el tiempo suficiente.

Iglesia de Balbanera, carretera a Riobamba.
Iglesia de Balbanera.

Arrancamos y, junto a las ventanas, vimos la Laguna de Colta. Todos los pasajeros dormimos en los asientos hasta que el chofer nos levantó, horas después, en la mejor parada que realiza Wanderbus, según Fernando, nuestro guía: las Lagunas de Ozogoche.

Primero caminamos hasta un pequeño mirador natural sobre una roca, desde la cual veíamos dos de las 45 lagunas que se hallaban allí. Nos encontrábamos dentro del Parque Nacional Sangay, a casi 4200 msnm. El viento era fuerte, y para combatirlo, nos dijeron que podíamos echarnos sobre la vegetación del páramo, al acostarnos allí, el aire no nos hacía ni cosquillas, era muy cómodo.

Lagunas de Ozogoche, Sierra de Ecuador.
Lagunas de Ozogoche.
Ozogoche, Ecuador.
Combatiendo el frío.
Parque Nacional Sangay.
Lagunas de Ozogoche, Parque Nacional Sangay.

Regresamos al bus para avanzar hasta el restaurante “Dos Lagunitas” de la comunidad. Mientras preparaban el almuerzo –costaba USD $5,00–, fuimos a caminar hasta la orilla de una de las dos lagunas accesibles. Para conocer las demás, es necesario acampar y subir temprano a la montaña.

El sendero se perdía en la vegetación, pasamos sobre arbustos y agua que mojaba la suela de los zapatos (importante ir con buen calzado) hasta que finalmente llegamos a la orilla, parecía una pequeña playa. Sin gente, se sentía una gran tranquilidad en el ambiente. Aunque existen unas aves llamadas cuvivíes que cada año vuelan hasta estas lagunas para suicidarse.

Lagunas de Ozogoche.
A orillas de una de las lagunas de Ozogoche.

Luego de almorzar choclo, habas y trucha con arroz, partimos hacia otro destino, no sin antes hacer una corta parada en Alausí (donde se encuentra el Tren de la Nariz del Diablo). Llegamos por la noche a Cuenca, una ciudad colonial donde sus atractivos turísticos incentivan a alargar la estadía, pero nosotros debíamos viajar al día siguiente, por lo que, a las 07:00 Am del domingo, nos estábamos subiendo nuevamente al bus para salir rumbo al Parque Nacional El Cajas.

Alausí, Ecuador.
Alausí.

Se encontraba a una hora de distancia, nos acompañó un día despejado que invitaba a realizar alguno de los trekkings que ofrecía el parque. Por tiempo no alcanzaríamos a hacerlo, pero permanecimos 45 minutos andando por el lugar, escuchando la explicación de Fernando –el guía– sobre los animales que allí habitan, y contemplando la Laguna Toreadora, la más grande del área.

Parque Nacional El Cajas, Ecuador.
Laguna Toreadora, Parque Nacional El Cajas.

Paramos a desayunar más adelante en la carretera. La neblina nos acompañó hasta que nos adentramos en la Costa ecuatoriana y empezamos a notar, desde las ventanas del bus, que la vegetación cambiaba poco a poco, al igual que el clima. A las 11:30 Am dejamos los abrigos a un lado y bajamos en la Hacienda Mango y Cacao.

Ahí caminamos entre plantaciones de cacao, nos explicaron el proceso de sembrado, nos dieron a probar las semillas y vimos árboles de pomarosa, zapote, vainilla, achiote. Luego de un abundante almuerzo –pagando USD $5,00–, con frutas naturales obtenidas de la finca, preparamos chocolate artesanal y nos hicieron participar al momento de tostar, pelar y moler el cacao. Una agradable experiencia antes de volver por la tarde a nuestra ciudad –Guayaquil–, este era el último punto que visitábamos, el final del recorrido.

¿Recomendamos utilizar Wanderbus?

Por supuesto que sí, es una manera distinta de recorrer el Ecuador. ¿Es para todo el mundo? Probablemente no, sabemos que se puede llegar a en transporte público a los lugares que mencionamos anteriormente en el artículo, aunque toma más tiempo y es un poco agotador, resulta mucho más económico.

Sin embargo, el Wanderbus ofrece mayor seguridad y tranquilidad, guías bilingües que explican de manera detallada la historia y el entorno de cada sitio, flexibilidad en tu recorrido, ya que tú eliges cuántos días deseas quedarte en cada destino. Te ayuda también a aprovechar mejor tu tiempo si cuentas con pocos días en el país. Como ellos mismos mencionan: es más seguro que el transporte público y más barato que las operadoras turísticas.

Paisajes desde la carretera, Sierra de Ecuador.
Paisajes desde la ventana del Wanderbus.

En nuestra opinión, si viajas con poco presupuesto, debes pensarlo dos veces antes de tomarlo, pero eso sí, te convendría en el caso de querer conocer el Cotopaxi y las Lagunas de Ozogoche (ya que los accesos en transporte público son complicados o escasos).

Si tienes un familiar que viene de afuera (sobre todo mayor) y desea visitar varios lugares del Ecuador pero cuenta con poco tiempo, entonces el Wanderbus es más que adecuado porque tendrá un viaje enriquecedor y distinto por el país.

 Puedes reservar los boletos de cualquiera de los recorridos (cuyos precios van desde los USD $25,00 hasta USD $219,00 por persona) haciendo clic aquí, de esta forma, nos ayudas a seguir viajando y crear más contenido.

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